7 sept 2018

Pekín: pequeñas grandes maravillas

Hoy es nuestro último día en Pekín y tenemos que aprovechar para ver los lugares que tenemos pendientes de la ciudad. Dejamos las mochilas en el hotel y nos dirigimos, una vez más, a la plaza de Tiananmén. Allí, pretendemos ver el Mausoleo de Mao, pero sigue cerrado por la cumbre Chino-Africana. Tampoco está abierto el Palacio del Pueblo (Parlamento). Pero, por lo menos, hay mucha menos seguridad que los días anteriores y podemos ver el Gran Teatro Nacional. Se le conoce como "El huevo" y tiene la peculiaridad de ser la mayor construcción de bóveda del mundo... otro claro ejemplo de que aquí todo se hace a lo grande.

Bueno, no todo es grande en China. Especialmente en Pekín, hemos observado que hay muchas motos eléctricas pequeñas con las que se desplaza la gente; también hay bicicletas y pequeños cochecitos, aunque estos últimos son una minoría. Hay que tener mucho cuidado porque al ser eléctricos no los oyes, y cuando te quieres dar cuenta los tienes detrás a punto de atropellarte. Más atención hay que prestar a los coches y autobuses normales; aquí los semáforos y los pasos de cebra deben de ser sólo una sugerencia, porque en repetidas ocasiones nos hemos encontrado cruzando un paso de peatones ancho como la m-30 y esquivando coches. Por cierto, que aquí tienen todas las marcas de coche europeas (aunque sólo hemos visto algunos ejemplares de cada), más un montón de marcas desconocidas que pensamos son chinas.

Dando un largo paseo llegamos hasta el Parque Beihai, otro de esos mimados enclaves de la ciudad. Con la de parques que hemos visitado, ¿qué nos trae hasta éste? Por un lado que es uno de los parques chinos más importantes, dado que se construyó en el siglo X. Por otro, su característica pagoda tibetana blanca. Además, en él se encuentra el otro muro de los dragones de Pekín, igual de bonito que el de La Ciudad Prohibida. Pero, una vez más, le dedicamos más tiempo a ver a la gente que a los propios monumentos: un grupo de personas bailando, otro dando de comer a unos peces naranjas enormes, otro grupo haciendo volar unas cintas, o simplemente saludando a todos aquellos que se nos quedan mirando por no tener los ojos rasgados.

Casi se nos había olvidado... ¡¡no hemos probado el pato pekinés!! Como ya es la hora de comer, encontramos en una zona de restaurantes uno que nos convence... y donde ponen una música que parece una imitación del himno de España. Además del pato, pedimos ternera mongola y arroz para acompañar. Los platos en los sitios turísticos tienden a ser pequeños, aunque mejor preparados; fuera de ellos, las cantidades son mayores, aunque son menos elaborados. El pato lo sirven fileteado por un lado y por otro los huesos por si quieres rebañar. Está rico, pero no difiere mucho del que se puede degustar en cualquier chino de España.

Otros dos lugares de visita obligada son la Torre de la Campana y la Torre del Tambor. La primera indicaba el amanecer del día, mientras que la segunda marcaba el anochecer. Ambas formaban como una especie de reloj que luego fueron imitadas en muchas ciudades chinas.

Si bien Pekín se está convirtiendo en una ciudad del siglo XXI, hay multitud de barrios anclados en el pasado. Se llaman hutongs y son conjuntos de casas en los que la gente vive en comunidad. Los baños, por ejemplo, son comunes ya que las casas no disponen de ellos. Tienen lugares de reunión, para cuidar a los mayores, para la educación, o simplemente para jugar a las damas o a las cartas con los vecinos. Muchos hutongs fueron destruidos para construir edificios nuevos, pero aún quedan muchos donde conocer cómo es la vida tradicional pekinesa.

Nuestra última visita de la ciudad es el "Palacio Yonghe" o "Templo Lama". Aunque ya hemos visto muchos templos, éste es de visita obligatoria, ya que es el templo budista tibetano más importante fuera del Tibet. Como siempre, bonitos patios y pabellones... pero el plato fuerte viene con la gran estatua de Maitreya, que según el libro Guiness de los récords es la escultura de buda más grande hecha en una única pieza de madera. Según oímos a un guía se tardó tres años en encontrar un árbol de sándalo en el Tibet para hacerla; otros tres para traerlo hasta Pekín, y otros tres para tallarlo. La estatua es colosal y está dentro de un edificio de tres plantas.

Definitivamente Pekín es una ciudad muy interesante, con mil lugares para visitar y mil cosas para hacer... se podría estar en esta ciudad un mes y a uno le seguirían quedando cosas pendientes. Pero las vacaciones son limitadas y sólo le hemos podido dedicar cuatro días. Ahora, toca poner rumbo a Datong, la siguiente ciudad que visitaremos.

Para viajar hasta Datong, lo hacemos en un autobús de dos plantas. El conductor pega muchos frenazos y en la carretera se pican entre los coches, autobuses y camiones. Pero, en general, las autovías y autopistas están muy bien cuidadas y señalizadas. Dentro del autobús, la gente es formal y silenciosa. Mientras vemos la versión china de "Ahora caigo" parece que alguien se ha encendido un cigarro y la copiloto sargentona sube para ver a quién hay que expedientar.

Tras entrar en la provincia de Shanxi, llegamos a esta "pequeña" ciudad de 3,3 millones de habitantes. La temperatura aquí ha bajado drásticamente... estaremos a unos 15 grados. Así que Pablo negocia rápida y férreamente un taxi para llegar al hotel. Desde el coche, vemos la muralla de la ciudad que mañana recorreremos a pié.

6 sept 2018

Pekín: Palacio de Verano y Altar del Cielo

Para disfrutar de nuestros días de asueto nos hemos hecho 9.250 km. Pero ¿Qué podía hacer un emperador hace 300 años? Pues montarse un palacio de verano a no más de 12 km. Desde luego que a prácticos nos ganaban, ya que los emperadores chinos se mudaban durante la temporada estival al Palacio de Verano, que está en la misma ciudad de Pekín.

Aunque hace viento, la temperatura es agradable y la gente ha salido a la calle para disfrutar del día. En el palacio, un grupo de mujeres bailan coreografías con el objetivo de hacer ejercicio, algo que ya hemos visto en muchos otros sitios y que nos parece una idea genial para quemar las calorías de noodles y dumplings.

El Palacio de Verano es uno de esos sitios que es para venir a pasar el día, ya que hay un gran lago con nenúfares, puentes, una isla, ... El palacio como tal no deja de ser una secuencia de edificios tradicionales, muy bonitos pero generalmente vacíos. Así que, lo más interesante es pasear y ver gente pasar. A menudo, resulta más interesante mezclarse con la gente que lo que es el propio monumento en sí.

Uno de los lugares que nos cautivan es el Gran Corredor; se trata de un pasillo cubierto por el que los emperadores paseaban protegiéndose del sol, y que está pintado a mano en su totalidad... y eso que tiene 750 metros. Pero sin duda, el lugar más emblemático es un barco hecho en mármol. Un barco que, evidentemente, no ha surcado el lago, pero que aún así les servía como entretenimiento a los dirigentes del imperio, en especial a la emperatriz Cixi.

Pekín es una ciudad que siempre se suele asociar con contaminación y con caos. Sin embargo, la Pekín que nos hemos encontrado es una ciudad muy limpia y con los niveles de contaminación que cualquier ciudad europea de tamaño medio pueda tener. De hecho, nos trajimos unas mascarillas para poder hacer frente al escenario apocalíptico que parecía íbamos a sufrir... y ha sido todo lo contrario. Además, los jardines, calles y espacios públicos están como una patena. Propongo poner bote para traer a Manuela Carmena y que conozca lo que es una ciudad limpia.

Después de comer, visitamos otro de los puntos imprescindibles de la ciudad: El Altar del Cielo. Muchos lo llaman erróneamente "templo", pero no lo es porque allí no se venera a ninguna deidad y tampoco hay incienso quemándose. Este altar de sacrificios, el mayor del mundo, servía a los emperadores para rogar por una buena cosecha anual. Como es el altar del cielo, los azulejos vidriados que predominan son azules, del color del cielo. Y ahí está desde el año 1420, para que nosotros ahora lo disfrutemos.

Otro lugar de interés de la ciudad es el conocido como "Mercado de los bichos". Habíamos pasado un par de veces cerca, pero no habíamos caído en que estaba ahí. Al principio los puestos que veíamos eran todos normales: de brochetas de carne, de patatas, de fruta... pero luego empiezas a ver algunos puestos salteados en los que hay brochetas de gusanos, de saltamontes y de escorpiones principalmente. Teníamos pensado poner a prueba nuestros estómagos y probar "algún pequeño aperitivo"... pero enseguida vemos que son puestos exclusivamente para turistas, y que no se ven chinos comiéndolos. Así que, dado que no hay ninguna necesidad de volver a un estado diarreico, renunciamos a tan poco suculento manjar.

Comparando Shanghái con Pekín, podríamos decir que la primera es mucho más moderna y vanguardista que la segunda. En Shanghái había muchos rascacielos y se respiraba un ambiente más moderno. En Pekín, es todo más clásico, más imperial. Sin embargo, dado que están las sedes de importantes organizaciones, también hay algunos edificios arquitectónicamente interesantes. El que más, a nuestro juicio, es la sede de la CCTV, la televisión pública china. Se encuentra en un barrio que se está aún construyendo... y en el que hay tiendas gigantes de las firmas de moda más exclusivas.

El día que llegamos vimos que cerca del hotel había un centro de masajes y pedicura. Como llevamos ya muchos kilómetros andados, me doy un homenaje y por algo menos de 8 euros disfruto de una hora de masaje en los pies. Puede sonar muy reconfortante, pero puedo asegurar que en determinados momentos me retorcía del dolor... ¡¡no sabía que se podían tener contracturas en las plantas de los pies!! Y el masajista, como si nada... hablando por el móvil y todo. Hay otros siete hombres haciéndose tratamientos, quitándoles los callos, haciéndose las uñas... Nunca pensé que el hombre chino fuera tan coqueto. ¡¡Eh, que lo mío es pura necesidad!! Y da resultado porque al salir es como si tuviera piernas nuevas... ¡¡ya estoy preparado para continuar el camino!!