2 sept 2026

Cameron Highlands

Dormimos unas ocho horas (prometemos que esto no se volverá a repetir al menos hasta el 2027) debido a que el autobús que tenemos que coger no sale hasta las diez de la mañana. Recogemos y cerramos la mochila, pero aún queda mucho antes de ponerse en marcha. Primero, hay que apagar todos los enchufes (aquí tienen enchufes ingleses, que suelen tener un interruptor); además, quien les hizo la reforma les puso muchos más mecanismos que los que yo jamás hubiese sido capaz de imaginar y los hay para cortar el aire acondicionado, el agua caliente de la ducha, los electrodomésticos... y hasta la respiración. Segundo, hay que cerrar la puerta con llave, cerrar la reja que da al descansillo con llave y añadir un candado, usar una tarjeta para bajar en el ascensor y otra para abrir el garaje, donde en una caja hay que poner un código para dejar todo el juego de llaves y tarjetas. ¿Hemos venido a un apartamento o a un Escape Room? 

En todo ese periplo hay dos cosas que nos llaman la atención. La primera es que nos cruzamos con gente de todos los colores y formas: hindúes, achinados, malayos, ... y ninguno saluda, que parece que cobran. Nos da la sensación de que el destino les ha llevado a vivir en el mismo país pero que han acabado siendo como una mayonesa que no liga, cada uno por su parte. Y la segunda cosa que nos llama la atención es que en el ascensor hay una lista con los morosos que no pagan la comunidad. Si se las gastan así, cuidado con cometer un error en la declaración de la renta...

Ya fuera de Prison Break, esperamos a nuestro primer Grab del día. En la app pone que el conductor se llama Leong... tendría guasa que viniera en un Seat Leong... pero no, viene en un Proton, la marca nacional de coches... da cosa pensar "súbete a ese protón" o "qué bien se va en este protón", ¿no? Mientras atravesamos la ciudad de sur a norte (¿para qué iban a poner la estación de autobuses en el centro?) comentamos que en casi todos los sitios todo está escrito en inglés o chino (ocasionalmente en árabe) y que, de vez en cuando, hay cosas escritas en lo que entendemos es "malayo", un idioma repleto de préstamos lingüísticos del inglés escritos de aquella manera: lif (ascensor), blok (bloque), insurans (seguro), polis (policía), residensi (residencia), farmasi (farmacia), ... y mi favorito "bas" que es autobús (cuando tu bas, yo vengo de allí, ¡hay que descaro!...); tal cual souns, tal cual se gruaitea.

Llegamos a la estación y, de nuevo, lo fácil está hecho difícil. Lo lógico es que pongan en la pantalla el andén donde hay que subir al "bas", ¿no? Pues aquí resulta que tienen también el concepto de "puerta"; para acceder te validan el billete y accedes a un área de espera donde tienes varias puertas; pero claro, en esa área de espera no hay ni tiendas ni baños, así que si quieres salir de la jaula tienes que pedir permiso (y luego te vuelven a pedir el billete aunque te aseguran que no, porque resetean). Hay un hombre con un micro que va cantando a qué autobuses se puede acceder y, en algún momento, ha debido decir que el nuestro está retrasado, porque en la pantalla el estado ha pasado a "retrasado". Bueno, todos los occidentales que estamos vamos al mismo sitio... así que tampoco hay que estar muy pendientes. En un momento dado se le oye decir cosas ininteligibles pero se identifica claramente "Cameron Highlands", lo cual activa a todos los occidentales a ir hacia la puerta y luego al andén. Subimos al "bas", que está bastante bien, con asientos muy amplios y cómodos... y el habitual aire acondicionado fuerte.

Durante dos horas el paisaje que se ve desde la ventanilla es muy verde, donde abundan las plantaciones de palmeras (posiblemente para aceite de palma y para plátanos); bueno, en realidad sólo puedo asegurarlo durante una hora, ya que con el balanceo del autobús caí dormido. Entre el retraso en la salida y el atasco que hay en la entrada de Cameron Highlands, llegamos con más de una hora de retraso. Hoy teníamos el tiempo contado, así que nos apresuramos en ir hasta el hotel a dejar las mochilas (que por cierto la habitación es encantadora, invita a quedarse leyendo un libro y viendo llover). 

En un lugar de Cameron Highlands de cuyo nombre no quiero acordarme porque la pedanía se llama Tanah Rata... pedimos un Grab; en la espera, empieza a llover y a diluviar. Habíamos tenido suerte de que hasta ahora no hubiese llovido, pero era de esperar que, en este clima tropical, nos cayera un buen chaparrón. El Grab no consigue encontrar conductores porque debe de haber muy pocos en la zona y empezamos a replanificar el día: estamos en una zona famosa en el país por sus campos de té e, inicialmente, queríamos visitar la fábrica de los tés BOH; dadas las circunstancias, vemos que ya no llegaríamos a tiempo, así que optamos por probar suerte a ver si algún conductor nos lleva hasta los campos de té de Cameron Valley Tea... ¡y lo conseguimos!

Los ingleses vieron que en esta zona la temperatura y la lluvia hacían que las cosechas de té tuvieran un sabor mucho más intenso y de calidad, así que se construyeron diversas plantaciones. Por menos de un euro por persona, puedes pasear por la plantación, aunque es sin guía y no te dan ninguna explicación. Una cosa que nos sorprende es que no huele a nada... pensábamos que el té, cuando está creciendo tendría algún tipo de olor, ¡pero no! ¡Nada de nada! El lugar es muy bonito y, además, el día nublado que tenemos le da un aire más natural aún. Aunque no hemos probado estos tés aún, compramos en la tienda un bote muy bonito de té "gold", que seguro nos transportará a estas tierras cuando lo degustemos en el frío invierno madrileño.






Además de las plantaciones de té, el otro punto fuerte es un lugar que se ha puesto de moda y que se llama el "Mossy forest" o "bosque musgoso" (en inglés siempre todo parece "más"). Con los retrasos que hemos ido acumulando pensamos que en breve lo cerrarán y, además, habíamos leído que no merecía la pena por ir por una pasarela de 300 metros (seguramente hecha para instragramers)... así que decidimos ver el mismo bosque pero haciendo una de las diez rutas gratuitas, porque tampoco creo que el musgo sea tan fino como para crecer sólo en el lugar de pago, ¿no?

Decidimos hacer el "trail 10"... un sendero lleno de vegetación en el que las raíces de los árboles ayudan como escalones para poder salvar los desniveles... desniveles que a veces requieren de subir agarrados a cuerdas. La humedad en el aire, la frondosidad de la vegetación y el piar de los pájaros lo convierten en una experiencia inolvidable. Pablo comenta que vamos a acabar como en Scooby-Doo, agarrándonos a una liana y que resulte ser una serpiente... o peor, pisando una tarántula o apoyándonos en un nido de hormigas... ¡es lo que tiene la selva! 

Y una cosa única que tiene esta selva son los helechos árboreos, que son helechos pero que a la vez tienen una especie de tronco (que realmente no es un tronco porque no es madera real). Son muy pocos comunes en todo el mundo y aquí, sin embargo, hay hasta varias especies nativas. En el Mossy Forest suelen estar rodeados de musgo, orquídeas salvajes e incluso plantas carnívoras (aunque no hemos visto ninguna, que sepamos).





Llegados a un punto, decidimos dar la vuelta: no sé cómo lo hacemos pero siempre acabamos liándonos... y ya estamos cansados de trepar, sudando y sin ganas de que se haga de noche. Y claro, con el suelo resbaladizo, pasa lo que tenía que pasar... resbalo y caigo, pero sin saber muy bien cómo, acabo en una postura ganadora del Twister... ¿me he hecho algo? Da igual, porque lo importante es... ¿me he manchado? ¡¡Tomaaaaa!! ¡¡¿¿Esto vale como "perfect"??!! No sé cómo lo he hecho, pero ni una mancha... ¡¡que tengo la ropa justa para todo el viaje!!

Yo embarrado sólo de manos y zapatillas, y Pablo como un pincel, decidimos que, siendo ya casi de noche, toca darse un homenaje: hemos comido muy poco, así que toca darse una buena merienda-cena. Pero entonces surge un giro inesperado: nos contacta el propietario del apartamento que hemos reservado para dos días en Kuala Lumpur para decirnos que han tenido un problema y que no pueden alojarnos; resulta algo raro porque nos escriben desde un número diferente al de la reserva y nos piden que seamos nosotros los que cancelemos. Nos ponemos en contacto con Booking y nos dicen que no nos preocupemos, que en 45 minutos nos dan una solución... pareciendo que está resuelto buscamos un restaurante y pedimos la cena. Recibimos después un correo donde nos indican que no han podido contactar con el anfitrión y que no pueden cancelar la reserva ni reubicarnos. Escribo a los dos números de teléfono, les llamo y les digo que cancelen y se niegan, contacto otra vez con Booking, vuelo a escribirles amenzándoles con que vamos a ir y vamos a llamar a la policía, les escribimos via Booking para que haya constancia... y en un momento dado nos escriben de "forma oficial" diciéndonos que no pueden alojarnos. Con esa prueba irrefutable, me pongo en contacto por cuarta vez con Booking, para que nos den una solución; como ahora pueden "constatar" la negativa del anfitrión, acceden a reubicarnos... "claro, pero ahora los hoteles son más caros y queremos uno de similares características por el mismo precio" les digo; nos indican que van a escalar el caso y que Booking se hará cargo de la diferencia. Nos mandan unas propuestas de hotel que no nos gustan mucho... así que le indicamos uno que ya habíamos visto cuando estuvimos organizando el viaje... y nos dicen que nos van a dar un bono por el importe de la diferencia y que lo reservemos nosotros. Aceptamos y minutos después recibimos un abono por casi el doble de lo que valía el que habíamos reservado... ¡¡pero es que el primero aún no estaba pagado!! Pablo al principio no se da cuenta... hasta que le reitero que nos acaban de regalar 122 euros. Yo soy de los que piensan que hay que ser honestos y que, si alguien se equivoca, hay que decirlo... pero ¿y las dos horas de gestión que nos ha llevado? ¿Y el tener que repetir toda la historia cada una de las cuatro veces que les he contactado? Soy cliente "Genius"... de muy mal genius... ¡así que este abono va por las molestias! Nos resarcimos del disgusto reservando otro apartamento diferente más grande, en una planta más alta y ¡más cerca de las Petronas!

El día va tocando a su fin y, ya en la habitación, entramos en calor con un cafecito caliente... porque estamos en la montaña y aquí el clima es mucho más frío. De hecho, hoy vamos a dormir hasta con manta... mañana toca volver a bajar al calor... e iremos, cómo no, en "bas".


1 sept 2026

Ipoh

Estamos en un país predominantemente musulmán y, sin embargo, hemos visto muy pocas mezquitas. Lo que más abundan son templos hinduistas, budistas, chinos y alguna que otra iglesia. Eso sí, el ambiente musulmán se hace notar a lo largo de todo el día y de la noche: en concreto, en las cinco llamadas a la oración que el muecín canta religiosamente. De hecho, nuestro "gato zombie" (el audio de la alarma que un día muy loco se nos ocurrió grabar y configurar) suena a la par que la primera llamada a la oración... ¿Nos estará recordando que un buen viajero siempre tiene que madrugar? ¿Nos estará invitando a peregrinar en busca de nuevos lugares? ¿O simplemente nos mantiene a raya para que no acabemos siendo unos descarriados turistas?

Con la mochila ya en la espalda y un café agua-chirri como desayuno, estrenamos el mes de septiembre cruzando una ciudad que está todavía dormida, por la que apenas hay nadie arrastrando chancla aún. Hoy abandonaremos George Town y para ello tenemos que coger un ferry para salir de la isla y llegar a la península. Ayer estuvimos explorando la zona para ver cómo comprar los billetes y acceder, así que todo resulta muy rápido y cómodo. Es más, parece que los lugareños somos nosotros, porque los locales van desganados, un poco con paso desvalido y algo vulnerables.

Embarcamos en el ferry y en unos diez minutos llegamos a Butterworth, a la que Pablo, cuando leyó su nombre por primera vez, bautizó como "mantequilla que merece la pena". Desembarcamos y nos dirigimos a la terminal de trenes, donde validamos nuestros billetes y esperamos en el andén. Todo ha salido tan a pedir de boca, que nos ha sobrado un montón de tiempo... pero había que ser precavido porque cualquier contratiempo hubiese podido suponer un problema, ya que aquí los transportes no tienen la frecuencia que a uno le gustaría.

A las ocho en punto sale nuestro tren hacia Ipoh. Durante algo menos de dos horas esperamos dormir, relajarnos y disfrutar del viaje. Todo va bien hasta que empezamos a sentirnos incómodos por culpa de lo frío que está el aire acondicionado... ¡menuda rasca! Esto es una nevera con ruedas y nosotros somos dos paquetes de carne que Chicote diría que no están etiquetados. Nos ponemos algo de manga larga, pero aún así, el frío se cuela hasta los huesos. Nos fijamos y una señora que viaja en la ventanilla contraria lleva hasta una mantita para la piernas... ¡hay malaya sabia!

Llegamos a Ipoh y agradecemos esa succión cálida que se produce con la apertura de la puerta. Con sueño, con agujetas de ayer y entumecidos por el frío, seríamos el hazmerreír de esos robots chinos que se caen pero que no padecen nuestros males; claro que tampoco sabrán de este esfuerzo por conocer y el placer que produce.

Hoy nos moveremos por los alrededores de la ciudad y lo haremos cogiendo "grabs", que son los "Uber" de Asia y que funcionan muy bien. Nos pedimos uno para ir al apartamento que hemos alquilado, con el objetivo de dejar las mochilas. El propietario nos ha indicado que las dejemos en conserjería, porque el apartamento no está listo aún. Éste se encuentra en una torre de treinta plantas, siendo las primeras las de los garajes (algo que hemos visto que es bastante habitual, en lugar de construirlos bajo tierra). En los días que llevamos hemos observado que se se están construyendo torres de apartamentos de una media de treinta plantas; suelen ser más bien sencillas, hechas de hormigón y cemento y luego pintadas, priorizando la funcionalidad ante la estética. Por ahora, nos quedamos sólo con el exterior del edificio y ya veremos qué tal está por dentro esta noche cuando volvamos.

Pedimos un Grab para ir al templo de Sam Poh Tong (cuyo nombre nos hace mucha gracia) y, de camino, me duermo un rato. En la misma zona hay varios templos, que, por supuesto, visitamos. El de Sam Poh Tong es chino budista y es el más antiguo de la ciudad, tiene un pasadizo excavado en la roca que te lleva a otro templo, donde la atracción principal es un estanque de tortugas, que tienen bastante carácter porque se quitan la comida unas a otras.



Al lado, está el templo de Nam Thean Tong, otro templo similar en el que destacan sus esculturas doradas y un buda tumbado. También resulta muy interesante ver cómo una gran cantidad de monos juguetean, trepan y trastean por la zona.






Pedimos otro grab para que nos lleve al templo budista tibetano de Enlightened Heart. Al principio no parce gran cosa... pero luego te explota la cabeza al visitar la pagoda por dentro: 13 plantas de balcones colgantes con budas y otras estatuas, para llegar a una estatua gigante que está en las últimas plantas y que mira desde dentro de la pagoda a los montes de alrededor. Pero es que, por si fuera poco, un poco más allá de la pagoda hay otro buda enorme de pie sobre una flor de loto. Y también descubrimos un carrusel de budas. Todo esto, sumado a una musiquita cautivadora que te abduce hacia el ambientillo... ¡¡es todo muy friki!!






Pedimos otro grab para ir a un templo que no sabemos ni cómo se llama, pero que tenemos el nombre en chino... y también me duermo en el camino. A la llegada, vemos que el lugar está lleno de estatuas de todas las formas y colores, además de ser una mezcolanza de religiones... hasta tal punto que llegamos a dudar de si es un templo o si es un taller donde hacen esas enormes esculturas... y no sólo por la variedad, sino también por la cantidad... por ejemplo, en la entrada a una cueva hay decenas de mujeres en posición de meditación y tan reales que parece que alguna se va a levantar.






Nuestra gira por los templos de Ipoh acaba en el Templo de la Cueva de Perak, donde también echo una cabezadita en el grab que nos lleva hasta aquí. Este templo, como su nombre indica, está es una cueva donde han hecho una escaleras por las que subes hasta un mirador, para ver un área industrial igualito que el Mercabilbao, con sus montañas también al fondo.




Después de esta sobredosis de budas, shivas, lord ghanesas, dragones, guerreros y todo tipo de esculturas a cada cuál más cantosa, decidimos dejar las últimas cosas para ver algo más mundano: el centro de la ciudad. Para ir hasta allí, cogemos otro grab más, donde también caigo dormido. Echando cuentas, si unos 20 minutos de taxi sale por unos dos euros, dormir ocho horas sale por unos 48 euros... casi igual que una habitación, pero con tour incluido... ¡ahí lo dejo!  

Ipoh parece estar a medio gas: son las cuatro de la tarde y hay muchos locales cerrados. Como aún no hemos comido, decidimos ir en busca de algún restaurante aprovechando el paseo para ver el "Ipoh mural trail", un conjunto de pinturas callejeras del estilo de las que había en George Town.





Comemos, tomamos café (Pablo uno salado y yo un típico "White Coffee"), damos un paseo por sus calles, vemos el reloj del "Birch Memorial" y también vamos al "Gerbang Malam" que es el mercado nocturno. La ciudad, en general, para dar un paseo no está mal, pero después del día que llevamos, damos por concluida la visita y ponemos rumbo al apartamento. Recogemos las llaves y subimos hasta la planta 30, donde desde nuestra terraza vemos la ciudad ya sumergida en la noche... unas vistas que "quitan el Ipoh".