15 sept 2026

Yogyakarta

Dos menos veinte de la mañana y suena el despertador. No hemos dormido ni tres horas, pero confiamos en mitigar los efectos del madrugón dosificando periodos de sueño en los diferentes desplazamientos que realizaremos en la excursión de ocho horas que tenemos por delante. No hay nada que nos detenga, podemos con todo, somos invencibles, ... uy, creo que me he venido arriba... en realidad estamos machacados, con sueño y con una señal instintiva de nuestro cerebro que nos dice "¿pero qué necesidad hay de hacer esto?". Nosotros somos así, queremos exprimir los viajes y aprovechar al máximo el haber venido hasta tan lejos y ya tendremos tiempo de descansar cuando... bueno, en algún momento de nuestra vida.

Con la mochila pequeña en la espalda bajamos a la entrada del hotel y ya nos está esperando Hadi, el guía con el que visitaremos el volcán Merapi. Se presenta rápidamente y nos invita a subir a una monovolumen. Establecemos un poco de conversación, pero su inglés no es de Oxford que se diga y Pablo propone que durmamos un rato hasta llegar al primer lugar del tour. Pensábamos que íbamos a viajar en un 4x4 pero no le damos mayor importancia y terminamos durmiendo algunos ratos entre los zarandeos del monovolumen debido a lo irregular del camino.

En un momento dado, Hadi para y se queda mirando al exterior, sale, entra, mira el móvil,... repitiendo algunos pasos en órdenes aleatorios. ¿Conocéis el juego de El Teléfono Escacharrado de El Hormiguero en el que un rumano dice una frase y varias personas se lo van transmitiendo hasta ver si un segundo rumano es capaz de entender algo? Pues Hadi parece que ha estado jugando a ese juego y que está a ver si conseguimos pillar alguna palabra de las que pronuncia. Conseguimos entender que "ahí delante está el río de lava" pero que hoy no se ve... nosotros no sabemos ni qué es lo que vemos porque es noche cerrada, estamos en medio de la nada y en el reparto genético no obtuvimos visión nocturna. "Además, no se puede ver la cima por la niebla" nos chapurrea. "Bueno, venga, lo de la lava lo podemos entender, pero si vendes una excursión para ver un volcán, ¿habrás mirado el tiempo que va a hacer, no?" le decimos, aunque su parsimonia termina siendo su respuesta. "¿Hacemos el trekking?" nos propone. "Venga, a ver si la cosa mejora" respondemos.

Continuamos subiendo por carreteras mientras su GPS canta frecuentemente "hello kitty", que será tuerce a la derecha, digo yo. Llegamos hasta otro lugar igual de oscuro que el anterior, donde paramos y nos empieza a decir cosas que no entendemos mucho. "Tío, tú eres el que graba los listenings en las Escuelas de Idiomas, ¿no? Te voy a tirar cuesta abajo y muchos oídos me lo agradecerán" pienso intentando prestar atención. Al hombre le acabamos entendiendo que tenemos una hora para subir, ver la salida del sol y otra para bajar. "Ah, ¿pero que no vienes con nosotros?" le pregunta Pablo; "no, no, os espero aquí" responde indicándonos el camino y asegurándonos de que es fácil de seguir. Emprendemos la marcha...  y a pocos metros Pablo, que va por delante, ve la necesidad de encender la luz del móvil; en seguida aparece una bifurcación y ahí Pablo, el poli "malo" ¡¡estalla del cabreo!! Volvemos a donde espera Hadi y le decimos que hacer esa ruta sólos es imposible, que nos tiene que acompañar porque nos vamos a perder. Acepta desganado y volvemos al camino... pero el hombrecillo va a paso burra y enseguida se queda atrás. Comentamos que esto no tiene sentido, que no pueden dejar a dos personas andando en la oscuridad por la selva, por un sendero con bifurcaciones y cerca de un volcán activo... ¡sólo falta el chupacabras para la peli de miedo! Aunque sé que en las pelis el rubio nunca muere, yo, que he hecho de poli bueno, ¡¡termino estallando!! Le empiezo a gritar "Hadi, ¿dónde estás? ¡ven aquí ahora mismo!". Esto ya pasa de oscuro a oscuro (no hay castaño por falta de luz) y decidimos que hasta aquí hemos llegado. Mientras volvemos, le decimos todo lo que pensamos y Pablo escribe al responsable de la agencia donde contratamos la excursión. A la pregunta "Pero tú, ¿por qué vas tan despacio" nos dice "Es que estoy cansado"; y a la pregunta "Pero ¿cuántas veces has hecho este tour para no saber el camino?" nos confiesa balbucenado "una, creo que sólo una".

Nuestro enfado es máximo: hemos dormido sólo tres horas, no ha venido en un 4x4, no sabe inglés, no había río de lava, no hemos visto el volcán y nos ha animado a perdernos en las faldas de un volcán poniendo nuestra vida en peligro... ¡y encima la excusión era a precio de oro! Le decimos que nos vamos, que la excursión ha terminado y que nos lleve a Borobudur... mientras hablamos con su jefe vía WhatsApp poniéndole el punto sobre las íes... y donde acabamos intuyendo que es él quien suele hacer las excursiones pero que no podía y que había delegado en un miembro de su plantilla. Cogiendo el móvil de Pablo, le digo que nos ha arruinado el día de vacaciones y que no vamos a perder más el tiempo.

Durante una hora de conducción, un poco temeraria, hablamos de que no vamos a pagar ni una rupia. Yo soy partidario de tener un gesto y de pagar la gasolina, pero Pablo me reconduce y me recuerda que no han cumplido lo acordado y que con el madrugón estaremos todos el día agotados por su culpa... así que acordamos que en cuanto lleguemos a Borobudur, nos bajamos del vehículo y le decimos que lo hable con su "jefe". Y claro, el momento del justificado simpa llega... cuando vamos a bajar nos dice "me tenéis que pagar". "No, no vamos a pagar nada, habla con tu jefe, no nos habéis dado el servicio". Se queda igual de pasmado pero saca el móvil para comentarle nuestra jugada a su jefe... quien nos responde proponiendo una rebaja sobre el precio original. Cojo el móvil de Pablo y le decimos que es una auténtica ofensa que ande con ese mercadeo, que no hemos visto nada y que no pagaremos nada. Mientras tanto, nos vamos en dirección contraria a donde Hadi nos pueda seguir... y su jefe nos termina aceptando que no paguemos nada y que "ya pagará él a Yuri"... ¿pero no era Hadi? ¡Bueno, como si se llama Manolo!

Menudo fiasco... todo el mareo para llevarme una foto del volcán que, curiosamente se ve mejor que en directo. Encima, hemos llegado a las 6 de la mañana a Borobudur en lugar de a las 11 que era cuando teníamos pensado... y nuestra entrada es a las 11:30... "Vamos a intentar cambiarlo porque sigue habiendo entradas para horarios anteriores" le digo a Pablo, quien responde "no sé si un segundo cambio lo van a aceptar". Llegamos a la ventanilla de venta de tickets y le contamos nuestras miserias a una joven apañuelada, quién inicialmente quiere mandarnos a atención al cliente, pero a la que, poniéndole carita de pena, conseguimos nos cambie la hora de la visita.

Aún queda hora y media para acceder, así que nos vamos a un puesto a tomar un café. Cuando estamos entre gallinas, alguna cabra y removiendo el capuccino soluble con una cuchara no muy bien lavada, vemos que ¡aparece Hadi! (O Yuri o Manolo)... "El rubio nunca muere" pienso, mientras le vemos pasar de largo, con la misma actitud impávida que ha tenido desde que lo conocemos.

Toca respirar hondo y calmar los ánimos porque estamos a punto de visitar uno de los platos fuertes del viaje: el templo budista de Borobudur. Este monumento del siglo IX y Patrimonio de la Humanidad es el templo budista más grande del mundo (aunque no el templo religioso más grande el mundo que es Angkor Wat, que es hinduista). Tiene nueve niveles que representan el cosmos, estando en el centro y en lo más alto el 'Nirvana', el estado supremo de paz interior. Además, como curiosidad, está hecho con más de dos millones de bloques de piedra volcánica encajados y sin mortero.

La visita a Borobudur es un tanto atípica. Después de validar la entrada te llevan en un trenecito hasta otro punto del recinto, donde te asignan un guía y donde te dan unas chanclas de tu número de pie. Todo el mundo se tiene que poner las chanclas porque se supone que con ellas no se daña el monumento... aunque se te dañen los pies porque son bastante incómodas. Cuando cantan el número de nuestro guía, formamos el grupo y éste, con un inglés mejorable, nos va contando la historia del templo y sus características.









La verdad es que el templo es un lugar muy peculiar, con sus relieves, las estupas, las estatuas de Buda, la estupa del Nirvana,... Pero quizá el sueño o quizá que ya hemos visto muchos templos en nuestros viajes, hacen que no se lleve la calificación de "espectacular". Puede ser también que lo vemos demasiado explotado: hay demasiados grupos a la vez (incluidos algunos españoles gritones) y el precio es demasiado alto. Aún así es una visita imprescindible en un viaje a Indonesia que recomendamos hacer.

Una vez terminada la visita toca ver cómo volver hasta Yogyakarta. La idea inicial era que el guía del tour nos iba a traer, esperar durante la visita y luego llevarnos de vuelta al hotel; pero al haberle mandado a hacer puñetas, ahora no tenemos transporte de vuelta. Esta situación ha sido un cambio de planes sobre otro cambio de planes... inicialmente teníamos pensado visitar Borobudur por nuestra cuenta y teníamos apuntada la compañía de autobuses con la que íbamos a venir y volver... así que, nos apresuramos en caminar hasta la estación de autobuses de Borobudur esperando que haya plazas para la vuelta. Como en Pekín Exprés, empezamos a preguntar dónde están los autobuses de Sinar Jaya y conseguimos dar con el conductor, al que le pagamos para asegurarnos la plaza.

Bueno, al final no ha salido del todo mal. No nos han timado en la excursión y hemos podido reconducir la situación para ver Borobudur nada más llegar y no perder muchas horas de espera. Ahora, tenemos dos horas hasta Yogyakarta en las que aprovechamos a dormir.

De vuelta a la ciudad a eso de las dos del mediodía, ya hemos hecho hambre y toca buscar un sitio especial para comer: hoy es el día en el que celebramos nuestro 24 aniversario de "cuando nos conocimos". "¿Y si comemos en el Burger King?" propongo. Puede parecer poco romántico pero dada la situación hay que aplicar aquello de "contigo pan y cebolla... y quéchup". Hastiado de noodles picantes, arroz picante y pollo frito no veo que sea un disparate comer una hamburguesa ultra procesada, unas patatas grasientas y sirope de cola mezclado con agua carbonatada... ¡hasta me pongo la corona si hace falta! Sin embargo, Pablo prefiere buscar otro sitio de comida más local, algo comprensible que cancela mi pragmatismo. Vemos una oferta de una especie de "menú" de un restaurante que pinta bien y decidimos quedarnos... y acabamos con unos platos con arroz picante y pollo frito... y éste último es literal: el plato de Pablo incluye un pequeño polluelo frito con cabeza y todo, que Pablo pide ipso facto que se lleven. Y es que, de donde no hay, no se puede sacar... hay las opciones de comida que hay y hay que adaptarse y aceptarlo.




El resto del día lo pasamos dando paseos por la calle Malioboro, que es el centro de la ciudad y la calle donde están las tiendas y todo el movimiento. También aprovechamos a preguntar en la primera oficina de turismo que encontramos en todo el viaje, para organizar un poco el segundo día que pasaremos aquí. Pero poco a poco, va anocheciendo y el sueño se va a apoderando de nosotros, así que decidimos recogernos e irnos a dormir. Mañana, toca seguir visitando esta ciudad, antigua capital de Indonesia y cuya región es la única gobernada por un Rey... al menos hoy alguien se pondrá la corona porque yo me he quedado sin la del Burger King.

14 sept 2026

Recorriendo Java oriental

En los viajes que hacemos en verano lo que esperamos de los alojamientos es que sean cómodos, funcionales y limpios, ya que prácticamente los queremos sólo para dormir y ducharnos. Con el contratiempo de no poder hacer la excursión a Ljem y dado que teníamos que dormir en Ketapang, cancelamos el albergue y cogimos un hotel de cuatro estrellas para tener, por lo menos, el aliciente de pasar la noche en un buen hotel hasta la salida de nuestro tren hasta Yogyakarta.

El Indah Ketapang es un complejo de edificios grandísimo, con jardines, piscina y varios restaurantes. Vemos a muchos occidentales, pero también muchos asiáticos y, sobre todo, mucho personal que te da los buenos días con una sonrisa. Damos un paseo por los jardines y hacemos algunas fotos, pero el lugar que ahora más nos interesa es el restaurante... ¡porque tenemos el desayuno incluido! ¡Y menudo desayuno! Hay un corner de comida regional, uno de fruta, de ensaladas, de bebidas, de huevos, ... Así que cogemos una buena mesa con vistas a Bali para degustar una amplia selección de productos. Además, el café es al estilo occidental... y como tenemos mucho tiempo, nos tomamos un par de ellos.




Desde el hotel se puede acceder también a una pequeña playa que, como era de esperar, es negra debido a su origen volcánico. Y, como era de esperar también, tiene algo de basura. Es una pena porque, aunque aquí no venga la gente a tomar el sol, un paseo por la arena es más bonito si no hay ningún tipo de suciedad... seguro que los cangrejos que corretean también lo agradecerían.


Java es una isla que tiene más de 45 volcanes activos. Se encuentra sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico, donde chocan las placas tectónicas Indoaustraliana y Euroasiática. De hecho, la semana pasada nos llevamos un susto porque el volcán Krakatoa empezó a expulsar lava y debido a la columna de ceniza se cerró el aeropuerto de Yakarta, desde donde sale el primer vuelo de regreso hacia España; teníamos ya valoradas diferentes opciones si la situación no se resolvía pero, afortunadamente, parece que el volcán se calmó y el aeropuerto retomó su normalidad.

Sin embargo, en el este del país ha habido varios incendios en los volcanes de Ljem y Bromo, que eran dos excursiones que íbamos a hacer. Con nuestra sed volcánica sin saciar, estudiamos qué excursiones podríamos hacer desde Yogyakarta, para aprovechar el día de mañana que se nos ha quedado colgado. Aprovechando el tiempo libre que tenemos, Pablo contacta con varias agencias que organizan viajes para preguntar horarios, recorridos y precios; poco a poco le van contestando y se van "activando" para engatusarnos y que contratemos sus servicios.

Pero la hora de dejar el hotel ha llegado y tenemos que partir hacia la estación. Un Gojek nos recoge en el porche del hotel y nos deja en la entrada de la estación. El tren de Ketapang hasta Yogyakarta tarda la friolera de once horas,  ya que recorre media isla dirección oeste. Así que, como aún tenemos tiempo, le dejo las mochilas a Pablo y me voy a un supermercado a comprar algo de comida para el viaje, mientras oigo algún eructo de fondo, ya que aquí no está mal visto.


Sentados ya en nuestros asientos de clase eksekutif, el tren sale a las 11 en punto. Mientras recorremos campos de papayas, palmeras y poblaciones con mezquitas que tienen cúpulas de colores, continuamos con los cambios de planes, que tiene Pablo a las agencias en ascuas. La excursión que elegimos es visitar el Monte Merapi, que es uno de los volcanes más peligrosos y activos de la región. Nos recogerán a las dos de la mañana, veremos lava hasta las cuatro, iremos a un mirador a desayunar a las seis y luego un trekking hasta las 10 de la mañana... ¿planazo, no? Pero es que, además, vemos que la excursión pasa muy cerca de Borobudur, una visita para la que tenemos comprada la entrada para el día siguiente... ¿Y si la intentamos cambiar para que el de la excursión nos lleve y nos espera mientras lo visitamos? Así, nos ahorramos dos trayectos. Pues nada, a gestionarlo vía WhatsApp y... ¡conseguido! "Oye, y como tenemos el desayuno incluido, ¿no podemos pedir que nos lo preparen para llevar" dice Pablo. Pues nada, también por WhatsApp gestionado y... ¡conseguido! Si es que, lo de tener datos en el móvil y que sea relativamente fácil contactar con las empresas, ha facilitado muchísimo poder reconducir estas situaciones.

El tren va medio vacío y cada uno de nosotros dos termina colonizando un par de asientos, para poder dormir, ver el paisaje o consultar internet en el móvil. En un momento dado, me doy un paseo por los vagones y veo que hay un montón de mantas envasadas. Como el aire acondicionado está muy alto, decido coger dos, que serán para eso, digo yo. Un par de horas más tarde viene una azafata y nos dice que son de pago, que sólo se incluyen en los trayectos nocturnos. Así que pagamos un euro por las dos y nos dice que se las demos, que nos trae otras. "Pero, ¿para qué?" pensamos. Se las lleva y nos trae otras dos envasadas, pero más finitas. ¿Es que acaso hay una categoría superior a eksekutif?

La verdad es que las once horas de tren se presentaban como interminables, pero luego no ha sido para tanto. Quizá el anochecer tan pronto ha limitado el poder ver el verde paisaje, el cual, a su vez también terminó convirtiéndose en monótono. Pero, por fin, llegamos a Yogyakarta, esa ciudad inmensa en el centro de la isla de Java. Por suerte, el haber cambiado también el hotel en esta ciudad a uno más céntrico hace que lleguemos caminando a pocos minutos desde la estación. En plena calle Malioboro, el hotel que lleva en su propio nombre la palabra 'Luxury', nos encanta. Además, en el check-in nos proporcionan el desayuno para llevar que habíamos solicitado. Sin duda, parece que las gestiones de última hora están dando sus frutos... pero no hay tiempo que perder, hay que irse a dormir directamente, porque mañana el Monte Merapi nos espera... esperemos que él siga "dormido" y nosotros suficientemente despiertos.