8 sept 2026

Singapur III

Como Pulgarcito, vamos dejando rastro por donde vamos: en cada hotel caen que unos calcetines irremendables, o unos calzoncillos con cinturilla ya no elástica, ... En Singapur cae una camisa gran reserva de 2014 que ya está muy añeja y cuyo último uso consiste en ser barrera de contención entre la zona de la ducha y el resto del baño... DEP. Aún así, no sabemos qué ocurre porque nuestra mochila no sólo no adelgaza sino que cada vez pesa más... y no hemos encontrado a ningún hindú dentro que se haya caído por error. Para no caminar con tal koala a la espalda, dejamos las mochilas en el hotel para terminar de ver Singapur.


Hoy nos centraremos en la isla de Sentosa, que realmente no es una isla porque está conectada con el continente. Cogemos el metro de la ciudad por primera vez, que también funciona pasando la tarjeta de crédito tanto a la entrada como a la salida. Los vestíbulos son enormes y modernos, aunque algo confusos porque las indicaciones están en pequeños letreros que a veces no son fáciles de leer. Además, vamos a coger una línea circular y no queda claro si sólo circula hasta cierta estación y luego hay que cambiar de tren.

Como era de esperar, nuestra estación destino desemboca en un centro comercial, el Vivo City. Para nuestra suerte, salimos directamente en la zona de comidas, así que, sucumbimos y desayunamos unos rollitos picantes con un kopi, que es un café algo más denso que el nuestro y con textura un poco arenosa. Después, para salir del centro comercial, pedimos ayuda porque somos incapaces de encontrar como salir a una pasarela que lleva hasta la isla de Sentosa... aunque siempre se encuentra a alguien amable que nos indica la combinación secreta de escaleras y plantas.


Recorremos la pasarela y llegamos a un subterráneo de la isla, una especie de M-30 soterrada con zonas de aparcamiento y escaleras por aquí y por allá para salir a la superficie. Ahora, buscamos el Sensoryscape, un paseo gratuito en la que hay instalaciones que por la noche se iluminan. Salimos a la superficie y nos encontramos en la entrada de los estudios Universal, tiendas y restaurantes... todo un mundo de diversión a nuestro alrededor. Si hubiésemos sabido que Singapur lo íbamos a poder ver en dos días seguramente hubiésemos dedicado el día de hoy a los Universal Studios, ya que me encantan las montañas rusas y los parques temáticos en general.




Se podría considerar que la isla de Sentosa es una especie de parque de ocio gigante, donde hay parques temáticos, playas, restaurantes, hoteles, e incluso tiene una parte histórica. Subimos en un ascensor hasta una pasarela desde donde se ve una nueva perspectiva de la ciudad y donde hay unas torres que están inclinadas. Si ese conjunto de torres estuviera en una ciudad europea, sería todo un símbolo... pero aquí no es más que otro conjunto residencial más con arquitectura extravagante.



Visitamos el Fort Siloso que se encuentra en el oeste de la isla. Lo construyeron los británicos para luchar contra los japoneses en la Segunda Guerra Mundial y ahora se pueden visitar los búnkeres, las baterías, las oficinas de mando, ... y, sobre todo, se está fresquito.



Para moverse por la isla hay un monorraíl y autobuses, todos gratuitos. Visitamos varias playas de arena dorada, con palmeras, chiringuitos y decoración playera... pero apenas hay gente tomando el sol: las playas son preciosas, pero hace mucho bochorno y se ve que a los asiáticos no les gusta ponerse morenos. Además, al otro lado de la barrera de islotes que protegen la playa hay muchísimos barcos, lo cual invita a pensar que quizá el agua no esté muy limpia.




Visitamos el que se considera el punto más al sur de la Asia continental. Entendemos que el criterio es que se pueda llegar por tierra, porque en sí, el propio estado de Singapur es una isla, no está en el continente. En cualquier caso, aceptamos pulpo como animal de compañía, y Sentosa como lugar continental.




Esta isla ha sido todo un descubrimiento, un lugar donde hacer muchas actividades como tirolinas, volar en un túnel del viento, puenting, ir en teleférico, etc. Eso sí, hay que venir con un buen taco de dólares para dar rienda suelta a la diversión y a la adrenalina. Sin lugar a dudas, recomendaríamos dedicar un día entero a este parque isleño de entretenimiento.



Nuestra estancia en Singapur va tocando a su fin. Toca volver al hotel e irse despidiendo de los hindúes caminantes, los comitorios, los chinos y sus tiendas con potingues, ... Pero no porque regresemos ya a casa, no.. sino porque no hay país sesenta y seis sin país sesenta y siete: ¡nos vamos a Indonesia!

Una ultima sorpresa nos aguarda antes de abandonar el país: el Aeropuerto Internacional de Changi. Habíamos oído hablar de que es uno de los mejores del mundo... pero no nos lo podíamos imaginar así. Para empezar, es salir del metro y encontrar una sala faraónica con mostradores de facturación, impoluta, armónica y elegante. No queremos emplear mucho tiempo y empezamos a buscar uno de los puntos que habíamos visto en internet: el vórtice con la cascada de agua. Vemos varias indicaciones que orientan hacia un sitio que se llama "jewel" y que tiene pinta de ser lo que buscamos... así que, con algo de dificultad, conseguimos llegar al lugar... ¡¡y es espectacular!! Un techo de vidrio, un agujero por el que cae agua varias plantas abajo, un montón de vegetación como si se tratara de un invernadero... esto es Jurassic Park. Este aeropuerto es una auténtica locura, hay un montón de actividades para hacer y una escala larga aquí seguro que se queda corta.






Ayer intentamos hacer el check-in online pero no sabemos muy bien por qué fallaba y nos decía que teníamos que ir al mostrador de Scoot, la compañía con la que volaremos hoy. En el mostrador, después de echar la bronca a unos hindúes (ya lo hacemos directamente en castellano porque lo que cuenta es la expresión), nos revisan los pasaportes y nos dicen que está todo bien... pero que tenemos que pesar las mochilas. ¡¡Noooooooooo!! Tenemos un límite de 10 kilos de equipaje de mano y no estamos seguros de si los cumplimos. Mi mochila pesa casi 11 y la de Pablo no llega a 10... así que pasamos la prueba por los pelos y nos sentimos aliviados cuando nos pone la pegatina de "cabina luggage" de forma gratuita.

Pasamos el control y... ¿qué nos encontramos? Pues, tiendas de Luis Vuitton, Chanel y Prada. ¿En serio? ¿Pero hasta en el último momento hay que demostrar la renta per cápita? Menos artículos de lujo y más señales que indique bien por dónde se llega a los sitios... porque nos cuesta horrores llegar hasta un Burger King para cenar antes de embarcar. ¿Y cómo lo conseguimos? Pues preguntándole a las tenderás de esas firmas tan caras que están aburridas viendo gente pasar y que no muestran ningún reparo en indicarnos cómo llegar a la cadena del rey de las hamburguesas. 

Un vuelo de tres horas nos llevará hasta Denpasar, el aeropuerto de la isla de Bali, donde podremos comer chicle libremente (en Singapur está prohibido) y donde más de una vez se nos escapará un hortera '¡Ya te Bali!'. "Uy, ¿está refrescando?", "Claro, es que estamos cruzando el Ecuador y estamos pasando del verano al invierno". Técnicamente el resto de nuestro viaje lo pasaremos en el invierno austral, pero al estar tan cerca del Ecuador, seguro que ni lo notamos.


Sobrevolando un mar de barcos que parecen constelaciones dejamos la ciudad-estado que nos ha acogido durante tres días. Ha sido una estancia sorprendente, ilusionante y muy variada... uno de esos sitios que no nos importaría repetir haciendo escala para llegar hacia horizontes nuevos. Y ahora, sólo nos queda una pregunta... ¿volveremos a Cantaaunprobre?

7 sept 2026

Singapur II

Empieza nuestro segundo día en Singapur: hoy será un día mucho más relajado, sin tener que coger autobuses, cruzar fronteras ni cambiar de hoteles. Así que, después de haber dormido algo más de lo habitual, nos despegamos los sábanas y nos lanzamos a las calles de esta ciudad-estado.

Nuestro hotel está en un barrio modesto: nada de rascacielos ultra modernos ni tiendas de marcas premium... ¿sabéis cuando para evitar decir que un barrio es pobre (con toda la dignidad del mundo) se dice "de gente trabajadora"? Pues aquí, no se puede decir ni eso... anoche había un montón de hindúes sentados en los bordillos de lo que se podría considerar como aceras hablando por teléfono y no haciendo nada más. Sin embargo, ahora por la mañana, ¿dónde se han metido? Nos llama la atención que, para ser un lunes por la mañana, no hay mucha gente por la calle... habría que ir a Little India a ver la que por allí ya está montada.

Singapur es un pequeño país que se lo ha montado muy bien. Fue expulsada de la Federación Malaya por diferencias ideológicas y eso hizo que se tomaran las riendas para decidir hacia qué modelo de país se quería ir... ¿Y qué hizo exactamente? Convertirse en un paraíso fiscal; lo demás le vino rodado. Dada su situación en Asia, se centraron en el comercio internacional, en el transporte marítimo y aéreo, en la banca, ... Muchas empresas han establecido sus sedes aquí. ¿Y qué hacen con el dinero que ganan en un país tan pequeño? Pues gastarlo en los innumerables centros comerciales que hay en la ciudad... así que, como dirían en muchos vídeos de influencers indocumentados de YouTube, "¡ir de shopping es una actividad que no te puedes perder en tu viaje a Singapur!"

Visitamos la zona de Orchard Road. Por la calle no hay mucha gente, pero es entrar en cualquier edificio y... ¡tachán! Ahí están todos disfrutando del aire acondicionado y gastando sus dólares singapurenses. Sí, aquí la moneda también se llama "dólar" y seguro que ni saben que ese nombre es de origen español (el taler español que por similitud a una moneda suya copiaron los británicos). Los centros comerciales se encuentran en las plantas inferiores de los complejos de edificios y muchas veces están conectados entre ellos para salvar las calzadas. Seguramente sea para salvar el calor o las lluvias, pero lo han convertido en un auténtico laberinto, porque si quieres cruzar una calle tienes que andar preguntando para entrar en un edificio, buscar la pasarela y llegar al otro; en algunos casos hay pasos subterráneos que, cuando llegas abajo encuentras una puerta y piensas "uy, por aquí no es"... pero te das cuenta de que "sí es" cuando ves a unas asiáticas abrir la puerta y pasar.

Estos centros comerciales no son para mí... para mi bolsillo. ¿Pero cuántas tiendas de Rolex hemos visto? ¿Y de Vuitones? ¿Y realmente hay tantos diablos para tanto Prada? Lo curioso es que luego no parecen muy bien vestidos, porque la mayoría de la gente va con ropa cómoda, con colores apagados y con chanclas... definitivamente, hay mucho más estilo en el chino de Polán.

Viniendo de un país con un inmejorable prêt-à-porter, decidimos abortar la operación shopping porque no tiene sentido estar todo el rato subiendo y bajando escaleras mecánicas para ver si encontramos cómo pasar a la siguiente pantalla. Así que, reconducimos la ruta hacia los paseos que hay alrededor del río, donde hay mercados y lugares donde comer con muy buena pinta. En un momento dado vemos, como si fuera un espejismo, ¡¡un supermercado!! Pero no una tienda de conveniencia, sino uno con ¡¡frutaaaaa!! Nuestra sensación es que aquí realmente no cocinan mucho en casa y que por eso hay tanto local por todos los sitios; además, les encanta comer platos muy similares entre sí o paquetitos de comida envasada y con aspecto artificial. Así que, no nos lo pensamos y compramos una bolsa de fruta australiana que no es muy cara y que seguro nos aportará una buena dosis de vitaminas y fibra... Ayuso estaría contenta, también le gusta la fruta.



Continuamos el paseo y llegamos al barrio chino. Templo por aquí, templo por allá... y sin saber muy bien cómo, acabamos en un centro comercial, de los de camiseta de Balenciaga a diez dólares. En un momento dado, en uno de los pasillos, nos empiezan a ofrecer masajes... terapéuticos, ¿eh? No entendemos muy bien, pero los chinos tienden a poner todos los negocios de un mismo tipo juntos. La cuestión es que hay como veinte sitios donde ofrecen masajes, uno seguido del otro, y todos con casi el mismo precio. Cuando estuvimos en Pekín me di un masaje de pies que me dejó como nuevo... así que, buscamos uno que tenga buena pinta y quedo con Pablo en que me espere fuera dentro de media hora, ya que a él no le gusta que le toquen los pies. En el establecimiento hay unas diez butacas puestas en fila, donde predominan señoras chinas de mediana edad. La relaciones públicas me indica con señas que me siente y que puedo cargar los móviles justo en el enchufe que tengo al lado (menudo viaje llevamos mendigando enchufes y aire acondicionado). Acto seguido viene un señor que me mira como diciendo 'otro occidental' que va a sufrir; pero no... con firmeza casi protocolaria, alterna momentos de relajación con momentos dolorosos, donde empiezo a pensar que tengo contracturas en la planta del pie. El masaje abarca desde el pie hasta la rodilla y es una experiencia totalmente reconfortante: cuando termina y me dispongo a andar sientes las piernas mucho más flojas, hasta cuesta andar. Ha durado media hora larga y me ha costado el equivalente a 10 euros... una ganga para salir con unas piernas nuevas.



Ya que estamos en un país de lujo, ¿por qué no nos vamos a comer a un restaurante de estrella Michelín? Pues dicho y hecho, nos vamos al Liao Fan Hawker Chan que presume de ser el restaurante con estrella Michelín más barato del mundo. En realidad, la estrella se ganó en el 2016 siendo tan sólo un puesto en el hawker (una especie de food court inmenso) que está al lado; con los años perdió la estrella, porque parece que el hecho de querer expandir la marca y el negocio desvirtuaron los platos originales. Nosotros, aunque sea por la tontería, entramos a comer/merendar: no deja de ser el típico restaurante económico basado en noodles, arroz y carne, pero con bastante buena pinta y todo especialmente rico y bien presentado.


Seguimos el paseo y llegamos hasta Marina Bay Sands, donde también estuvimos ayer por la tarde y que es la zona más asombrosa de la ciudad. Si ayer veíamos el espectáculo Spectra, hoy vamos a ver el de los árboles gigantes en Supertrees Groove. Se trata de 18 estructuras de entre 25 y 50 metros de altura y que están cubiertos de plantas y de efectos de luz; si se paga una entrada se puede subir y caminar por una pasarela que pasa por algunos de ellos; sin embargo, habíamos leído que el espectáculo se ve mejor desde abajo, así que cogemos sitio en una especie plaza con césped donde ya hay mucha gente sentada. Mientras esperamos, al igual que muchos turistas agotados, nos echamos una cabezadita.



El espectáculo comienza puntual. A ritmo de canciones conocidas, se van enciendo y apagando luces por aquí y por allá.... mientras uno piensa en qué cosas más originales hacen aquí... casi con un poco de envidia.




 Cuando termina el espectáculo se anuncia que ahora hay uno segundo titulado 'Borealis'. ¡Estamos en la happy hour! El segundo espectáculo es totalmente diferente: los árboles se quedan con un color lila, sueltan humo y unas luces láser verde hacen que parezca que estás viendo auroras boreales; una música enigmática hace que toda la escena sea hipnótica; caminamos entre los árboles viendo cómo las formaciones verdes aparecen y desaparecen, seres etéreos que tienes que cazarlos con la mirada y disfrutarlos mientras duren. Es como estar en Avatar, transportados a un mundo tecnológico pero con sentimiento a la vez.



Esta segunda obra parece permanente, así que llega un momento en el que hay que decidirse y desengancharse de este bonito espectáculo visual. Estamos muy cerca del complejo Marina Bay Sands y es un buen momento para ver el lugar por dentro. Al igual que en los centros comerciales esta mañana, moverse como peatón es complicado, ya que hay que buscar cómo pasar de un sitio a otro. Después de preguntar, conseguimos entrar en el atrio del hotel... y es una auténtica pasada. El hall abarca las tres torres y por dentro se pueden ver los pasillos que conducen a las habitaciones de la mitad inferior de las plantas. La luz es perfecta, todo impoluto, materiales relucientes, ... pero tampoco va la gente "con pamela" como diría mi madre; es más, nosotros no desentonamos para nada, aunque la sensación de estar sudado vaya por dentro. He de reconocer que cuando estuvimos organizando el viaje entré a mirar cuánto valía pasar una noche aquí... y eran unos 650 euros por noche... pero había que intentarlo, ¿no?

Este complejo costó una millonada, para recaudar más millonadas. Si el hotel es de superlujo, el centro comercial y el casino que hay delante no los son menos. Arquitectónicamente es una auténtica maravilla y sólo por eso hay que visitarlo. Con un techo en curva, lámparas-esculturas, un laguito navegable en góndola, ... y por su puesto tiendas de todas y cada una esas marcas en las que el personal a veces va mejor vestido que el cliente adinerado. Pero es que aquí, te explota la cabeza... ¡cada marca abarca tres plantas! Esto es un auténtico derroche... aquí no hay mucho dinero, hay mucho poder. En parte suscita curiosidad ver estos sitios inaccesibles para la clase media... pero en parte da vértigo pensar que aquí, en este momento, habrá gente con tanto dinero y poder, que podrán tomar decisiones que impacten a millones de personas.



Con esta reflexión vamos dejando este espejismo de lujo, para volver a nuestro humilde barrio, con su caos, con sus "comitorios" y con esos hombres sentados en la acera. Pero también estamos aquí gracias a poder movernos libremente, sin buscar estándares que nos limiten a jaulas de oro... y siempre poder elegir entre chopping o choped.