A las siete de la mañana ya estamos en la carretera. No debería haber mucho tráfico y, además, hoy es sábado... por lo que esperamos que sea más fluido. Pero las cuestas, calzadas con el bordillo comido y rotondas que no funcionan como tal, se llenan nada más salir los primeros rayos de sol. Como si de un videojuego se tratara, salen motos y coches por todos los lados y Pablo ya está demostrando unas habilidades de conducción extraordinarias. De vez en cuando les gritamos, aunque sólo sea por desahogo... pero no podemos ver su reacción porque aquí llevan tintadas las ventanillas y el parabrisas. Nos resulta muy curioso que ellos no parecen exaltarse, van como autómatas concentrados en su tarea y nadie nos devuelve el mal gesto... y eso que somos nosotros los que hemos venido a su país y no tenemos la deferencia ni de decírselo en inglés.
Este caos urbano tiene su precio: los accidentes. En uno de tantos momentos de estar parados, vemos que más adelante hay una ambulancia y una moto volcada. Están subiendo al accidentado a la ambulancia en una camilla, mientras mucha gente observa la escena y obstaculiza el tráfico. No parece algo grave y posiblemente haya sido sólo una caída, porque no vemos ningún otro coche o moto implicados.
¿Os acordáis de aquella escena de The Waling Dead en la que Negan martirizaba a una de las protagonistas poniéndole la misma canción una y otra vez? Pues esto es algo parecido: durante dos horas de conducción no se para de girar a un lado y a otro, esquivar vehículos, ver calles similares (todo parece una calle continua), esquivar perros, zanjas, ... requiere de una atención que mentalmente es agotadora. Y, por supuesto, confirmamos que aquí los cambios de dirección en los cruces no los hacen como dice nuestro código de circulación, sino que hacen lo que se conoce como "giro a la indonesia" (sin superar al vehículo que viene de frente). Nos ha resultado curioso también una señal de tráfico de prohibición que no habíamos visto antes: con 'I', 'II' o 'III' indican la categoría de la vía en función de su ancho y, por tanto, que coches pueden circular y cuáles no.
Antes de llegar a nuestro primer destino, hacemos una parada en un 'ACK', una cadena de comida rápida que está por todas partes y bien señalizada para que te dé tiempo a parar en su normalmente minúsculo aparcamiento. La comida no será de la mejor calidad, pero está muy limpio, el sabor es el esperable y de precio está casi regalado. Casi todos los platos son pollo, que es la carne que aquí triunfa; al haber musulmanes el cerdo es difícil de encontrar y al haber hinduistas la ternera existe pero no es muy frecuente. Nos cogemos dos menúes y dos platos adicionales... y por menos de dos euros cada uno, ya hemos comido un buen almuerzo.
Llegamos al tempo de Tanah Lot, uno de los más visitados en la isla por encontrarse al lado del mar. A su alrededor hay muchas tiendas y restaurantes, posiblemente porque su concepto de religión es que esté integrada en el día a día... a diferencia de otras religiones en las que se va a un templo expresamente a rezar, aquí parece que cada cual hace su vida cotidiana y que al pasar por el templo aprovechan a rezar y a hacer ofrendas poniendo pequeños centros de flores. Algo que nos ha llamado la atención durante estos días en Bali es que en la zona más sagrada de los templos no suele haber una deidad a la que venerar; al contrario, suele haber un sillón de piedra vacío que sirve para que la deidad suprema Acintya (abstracto, invisible e inimaginable) tenga a bien venir, una seña muy diferente del hinduismo balinés con respecto al hinduismo de la India.
Hoy tenemos programada otra visita: el parque cultural de Garuda Wisnu Kencana. En algún momento cuando preparábamos el viaje vimos este parque en internet y nos llamó la atención sus estatuas gigantes. Sin informarnos mucho sobre el mismo, lo acomodamos en un nuestro excel en el que distribuimos, de forma tentativa, desde la hora de la ducha hasta la hora de la cena.
Al aproximarnos hacia el parque las estatuas se ven enormes, colosales. Aparcamos, pagamos la entrada y cogemos un mapa. ¡Ah, que básicamente es ver tres estatuas gigantes y dar un paseo! Se llama "parque cultural" y hay algunas actividades no muy lustrosas de la cultura balinesa; pero lo que la mayoría de los turistas vienen a ver son las estatuas de Wisnu (el dios supremo), Garuda (su ave protectora y fiel compañera) y una en la que Wisnu está montado sobre Garuda. Esta última tiene 121 metros, es la más alta de todo Indonesia y es la cuarta estatua más grande del mundo (contando el pedestal) superando, por ejemplo, a la Estatua de la Libertad. Para nosotros, pasa a ser la estatua más grande que hayamos visitado... pero sólo por fuera, porque para poder visitarla por dentro hay que pagar un precio del todo desorbitado, que por coherencia declinamos pagar.
Hoy nos habíamos puesto como objetivo volver al alojamiento a las tres de la tarde, para disfrutar de la piscina, de la cama balinesa y de la tranquilidad. Así que, conducimos otras dos horas por ese tráfico caótico e infernal. El tiempo de conducción de todo el día ha sido el equivalente a hacer un Madrid-Bilbao, pero la distancia recorrida ha sido poco más que un Madrid-Toledo. ¡Es frustrante! Y pensar que ellos lo viven todos los días...
Aparcamos en el alojamiento y decidimos ir andando a un supermercado para comprar unas cervezas y algo de comer. No hay acera ni arcén, así que vamos sorteando los coches y motos que siguen chorreando. Pero, al menos, podemos disfrutar de la vista de los campos de arroz que hay en la zona, donde vemos cómo están sembrando el grano ya germinado.
En ese paseo, también vemos una lavandería y nos acercamos a preguntar. La chica que atiende no sabe inglés, así que nos comunicamos utilizando el traductor de Google. Un kilo de ropa cuesta sólo un euro, algo que vemos como una oportunidad inmejorable para lavar la ropa sucia y oler a suavizante durante la semana que aún nos queda de viaje.
También aprovechamos a reconducir una situación que ayer se torció: nos escribieron del hotel de Ijen para decirnos que no íbamos a poder hacer la excursión para ver el fuego azul, porque ha habido un incendio (¿será azul?) en la zona y no se puede acceder. Esa excursión era por la noche y habíamos reservado un hotel muy básico para echarnos una siesta por la tarde antes de salir hacia la montaña. Pero ahora, si no vamos a poder realizar la excursión, no tiene sentido quedarse en ese albergue, así que buscamos otro alojamiento más confortable donde holgazanear un poco. En su momento, habíamos valorado rehacer los siguientes días, pero eso implicaba cambiar hoteles y trenes, y preferimos ser prácticos y cambiar lo mínimo imprescindible. Así que, con lo que nos ahorramos de la excursión y el coste del albergue, nos cogemos un hotelazo con desayuno incluido y, aún así, nos sobra dinero.
Con la ropa recogida de la lavandería (planchada y todo), los hoteles modificados y recolocadas nuestras cosas, pasamos una tarde contemplativa. Que si un poco de piscina, que si una siesta en la cama balinesa, cervecita fresca, contemplar los arrozales al otro lado del muro, la puesta del sol, ... esto es el lujo balinés, poder disfrutar de una villa privada y una temperatura agradable por un precio asequible. Esto sí que... ¡Bali la pena!



















En este viaje hay tiempo para hacer vidorra ehhh?, qué envidia balinesa!!😘😘
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