En los viajes que hacemos en verano lo que esperamos de los alojamientos es que sean cómodos, funcionales y limpios, ya que prácticamente los queremos sólo para dormir y ducharnos. Con el contratiempo de no poder hacer la excursión a Ljem y dado que teníamos que dormir en Ketapang, cancelamos el albergue y cogimos un hotel de cuatro estrellas para tener, por lo menos, el aliciente de pasar la noche en un buen hotel hasta la salida de nuestro tren hasta Yogyakarta.
El Indah Ketapang es un complejo de edificios grandísimo, con jardines, piscina y varios restaurantes. Vemos a muchos occidentales, pero también muchos asiáticos y, sobre todo, mucho personal que te da los buenos días con una sonrisa. Damos un paseo por los jardines y hacemos algunas fotos, pero el lugar que ahora más nos interesa es el restaurante... ¡porque tenemos el desayuno incluido! ¡Y menudo desayuno! Hay un corner de comida regional, uno de fruta, de ensaladas, de bebidas, de huevos, ... Así que cogemos una buena mesa con vistas a Bali para degustar una amplia selección de productos. Además, el café es al estilo occidental... y como tenemos mucho tiempo, nos tomamos un par de ellos.
Desde el hotel se puede acceder también a una pequeña playa que, como era de esperar, es negra debido a su origen volcánico. Y, como era de esperar también, tiene algo de basura. Es una pena porque, aunque aquí no venga la gente a tomar el sol, un paseo por la arena es más bonito si no hay ningún tipo de suciedad... seguro que los cangrejos que corretean también lo agradecerían.
Java es una isla que tiene más de 45 volcanes activos. Se encuentra sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico, donde chocan las placas tectónicas Indoaustraliana y Euroasiática. De hecho, la semana pasada nos llevamos un susto porque el volcán Krakatoa empezó a expulsar lava y debido a la columna de ceniza se cerró el aeropuerto de Yakarta, desde donde sale el primer vuelo de regreso hacia España; teníamos ya valoradas diferentes opciones si la situación no se resolvía pero, afortunadamente, parece que el volcán se calmó y el aeropuerto retomó su normalidad.
Sin embargo, en el este del país ha habido varios incendios en los volcanes de Ljem y Bromo, que eran dos excursiones que íbamos a hacer. Con nuestra sed volcánica sin saciar, estudiamos qué excursiones podríamos hacer desde Yogyakarta, para aprovechar el día de mañana que se nos ha quedado colgado. Aprovechando el tiempo libre que tenemos, Pablo contacta con varias agencias que organizan viajes para preguntar horarios, recorridos y precios; poco a poco le van contestando y se van "activando" para engatusarnos y que contratemos sus servicios.
Pero la hora de dejar el hotel ha llegado y tenemos que partir hacia la estación. Un Gojek nos recoge en el porche del hotel y nos deja en la entrada de la estación. El tren de Ketapang hasta Yogyakarta tarda la friolera de once horas, ya que recorre media isla dirección oeste. Así que, como aún tenemos tiempo, le dejo las mochilas a Pablo y me voy a un supermercado a comprar algo de comida para el viaje, mientras oigo algún eructo de fondo, ya que aquí no está mal visto.
Sentados ya en nuestros asientos de clase eksekutif, el tren sale a las 11 en punto. Mientras recorremos campos de papayas, palmeras y poblaciones con mezquitas que tienen cúpulas de colores, continuamos con los cambios de planes, que tiene Pablo a las agencias en ascuas. La excursión que elegimos es visitar el Monte Merapi, que es uno de los volcanes más peligrosos y activos de la región. Nos recogerán a las dos de la mañana, veremos lava hasta las cuatro, iremos a un mirador a desayunar a las seis y luego un trekking hasta las 10 de la mañana... ¿planazo, no? Pero es que, además, vemos que la excursión pasa muy cerca de Borobudur, una visita para la que tenemos comprada la entrada para el día siguiente... ¿Y si la intentamos cambiar para que el de la excursión nos lleve y nos espera mientras lo visitamos? Así, nos ahorramos dos trayectos. Pues nada, a gestionarlo vía WhatsApp y... ¡conseguido! "Oye, y como tenemos el desayuno incluido, ¿no podemos pedir que nos lo preparen para llevar" dice Pablo. Pues nada, también por WhatsApp gestionado y... ¡conseguido! Si es que, lo de tener datos en el móvil y que sea relativamente fácil contactar con las empresas, ha facilitado muchísimo poder reconducir estas situaciones.
El tren va medio vacío y cada uno de nosotros dos termina colonizando un par de asientos, para poder dormir, ver el paisaje o consultar internet en el móvil. En un momento dado, me doy un paseo por los vagones y veo que hay un montón de mantas envasadas. Como el aire acondicionado está muy alto, decido coger dos, que serán para eso, digo yo. Un par de horas más tarde viene una azafata y nos dice que son de pago, que sólo se incluyen en los trayectos nocturnos. Así que pagamos un euro por las dos y nos dice que se las demos, que nos trae otras. "Pero, ¿para qué?" pensamos. Se las lleva y nos trae otras dos envasadas, pero más finitas. ¿Es que acaso hay una categoría superior a eksekutif?
La verdad es que las once horas de tren se presentaban como interminables, pero luego no ha sido para tanto. Quizá el anochecer tan pronto ha limitado el poder ver el verde paisaje, el cual, a su vez también terminó convirtiéndose en monótono. Pero, por fin, llegamos a Yogyakarta, esa ciudad inmensa en el centro de la isla de Java. Por suerte, el haber cambiado también el hotel en esta ciudad a uno más céntrico hace que lleguemos caminando a pocos minutos desde la estación. En plena calle Malioboro, el hotel que lleva en su propio nombre la palabra 'Luxury', nos encanta. Además, en el check-in nos proporcionan el desayuno para llevar que habíamos solicitado. Sin duda, parece que las gestiones de última hora están dando sus frutos... pero no hay tiempo que perder, hay que irse a dormir directamente, porque mañana el Monte Merapi nos espera... esperemos que él siga "dormido" y nosotros suficientemente despiertos.








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