Como Pulgarcito, vamos dejando rastro por donde vamos: en cada hotel caen que unos calcetines irremendables, o unos calzoncillos con cinturilla ya no elástica, ... En Singapur cae una camisa gran reserva de 2014 que ya está muy añeja y cuyo último uso consiste en ser barrera de contención entre la zona de la ducha y el resto del baño... DEP. Aún así, no sabemos qué ocurre porque nuestra mochila no sólo no adelgaza sino que cada vez pesa más... y no hemos encontrado a ningún hindú dentro que se haya caído por error. Para no caminar con tal koala a la espalda, dejamos las mochilas en el hotel para terminar de ver Singapur.
Hoy nos centraremos en la isla de Sentosa, que realmente no es una isla porque está conectada con el continente. Cogemos el metro de la ciudad por primera vez, que también funciona pasando la tarjeta de crédito tanto a la entrada como a la salida. Los vestíbulos son enormes y modernos, aunque algo confusos porque las indicaciones están en pequeños letreros que a veces no son fáciles de leer. Además, vamos a coger una línea circular y no queda claro si sólo circula hasta cierta estación y luego hay que cambiar de tren.
Como era de esperar, nuestra estación destino desemboca en un centro comercial, el Vivo City. Para nuestra suerte, salimos directamente en la zona de comidas, así que, sucumbimos y desayunamos unos rollitos picantes con un kopi, que es un café algo más denso que el nuestro y con textura un poco arenosa. Después, para salir del centro comercial, pedimos ayuda porque somos incapaces de encontrar como salir a una pasarela que lleva hasta la isla de Sentosa... aunque siempre se encuentra a alguien amable que nos indica la combinación secreta de escaleras y plantas.
Recorremos la pasarela y llegamos a un subterráneo de la isla, una especie de M-30 soterrada con zonas de aparcamiento y escaleras por aquí y por allá para salir a la superficie. Ahora, buscamos el Sensoryscape, un paseo gratuito en la que hay instalaciones que por la noche se iluminan. Salimos a la superficie y nos encontramos en la entrada de los estudios Universal, tiendas y restaurantes... todo un mundo de diversión a nuestro alrededor. Si hubiésemos sabido que Singapur lo íbamos a poder ver en dos días seguramente hubiésemos dedicado el día de hoy a los Universal Studios, ya que me encantan las montañas rusas y los parques temáticos en general.
Visitamos el Fort Siloso que se encuentra en el oeste de la isla. Lo construyeron los británicos para luchar contra los japoneses en la Segunda Guerra Mundial y ahora se pueden visitar los búnkeres, las baterías, las oficinas de mando, ... y, sobre todo, se está fresquito.
Para moverse por la isla hay un monorraíl y autobuses, todos gratuitos. Visitamos varias playas de arena dorada, con palmeras, chiringuitos y decoración playera... pero apenas hay gente tomando el sol: las playas son preciosas, pero hace mucho bochorno y se ve que a los asiáticos no les gusta ponerse morenos. Además, al otro lado de la barrera de islotes que protegen la playa hay muchísimos barcos, lo cual invita a pensar que quizá el agua no esté muy limpia.
Visitamos el que se considera el punto más al sur de la Asia continental. Entendemos que el criterio es que se pueda llegar por tierra, porque en sí, el propio estado de Singapur es una isla, no está en el continente. En cualquier caso, aceptamos pulpo como animal de compañía, y Sentosa como lugar continental.
Esta isla ha sido todo un descubrimiento, un lugar donde hacer muchas actividades como tirolinas, volar en un túnel del viento, puenting, ir en teleférico, etc. Eso sí, hay que venir con un buen taco de dólares para dar rienda suelta a la diversión y a la adrenalina. Sin lugar a dudas, recomendaríamos dedicar un día entero a este parque isleño de entretenimiento.
Nuestra estancia en Singapur va tocando a su fin. Toca volver al hotel e irse despidiendo de los hindúes caminantes, los comitorios, los chinos y sus tiendas con potingues, ... Pero no porque regresemos ya a casa, no.. sino porque no hay país sesenta y seis sin país sesenta y siete: ¡nos vamos a Indonesia!
Una ultima sorpresa nos aguarda antes de abandonar el país: el Aeropuerto Internacional de Changi. Habíamos oído hablar de que es uno de los mejores del mundo... pero no nos lo podíamos imaginar así. Para empezar, es salir del metro y encontrar una sala faraónica con mostradores de facturación, impoluta, armónica y elegante. No queremos emplear mucho tiempo y empezamos a buscar uno de los puntos que habíamos visto en internet: el vórtice con la cascada de agua. Vemos varias indicaciones que orientan hacia un sitio que se llama "jewel" y que tiene pinta de ser lo que buscamos... así que, con algo de dificultad, conseguimos llegar al lugar... ¡¡y es espectacular!! Un techo de vidrio, un agujero por el que cae agua varias plantas abajo, un montón de vegetación como si se tratara de un invernadero... esto es Jurassic Park. Este aeropuerto es una auténtica locura, hay un montón de actividades para hacer y una escala larga aquí seguro que se queda corta.
Ayer intentamos hacer el check-in online pero no sabemos muy bien por qué fallaba y nos decía que teníamos que ir al mostrador de Scoot, la compañía con la que volaremos hoy. En el mostrador, después de echar la bronca a unos hindúes (ya lo hacemos directamente en castellano porque lo que cuenta es la expresión), nos revisan los pasaportes y nos dicen que está todo bien... pero que tenemos que pesar las mochilas. ¡¡Noooooooooo!! Tenemos un límite de 10 kilos de equipaje de mano y no estamos seguros de si los cumplimos. Mi mochila pesa casi 11 y la de Pablo no llega a 10... así que pasamos la prueba por los pelos y nos sentimos aliviados cuando nos pone la pegatina de "cabina luggage" de forma gratuita.
Pasamos el control y... ¿qué nos encontramos? Pues, tiendas de Luis Vuitton, Chanel y Prada. ¿En serio? ¿Pero hasta en el último momento hay que demostrar la renta per cápita? Menos artículos de lujo y más señales que indique bien por dónde se llega a los sitios... porque nos cuesta horrores llegar hasta un Burger King para cenar antes de embarcar. ¿Y cómo lo conseguimos? Pues preguntándole a las tenderás de esas firmas tan caras que están aburridas viendo gente pasar y que no muestran ningún reparo en indicarnos cómo llegar a la cadena del rey de las hamburguesas.
Un vuelo de tres horas nos llevará hasta Denpasar, el aeropuerto de la isla de Bali, donde podremos comer chicle libremente (en Singapur está prohibido) y donde más de una vez se nos escapará un hortera '¡Ya te Bali!'. "Uy, ¿está refrescando?", "Claro, es que estamos cruzando el Ecuador y estamos pasando del verano al invierno". Técnicamente el resto de nuestro viaje lo pasaremos en el invierno austral, pero al estar tan cerca del Ecuador, seguro que ni lo notamos.
Sobrevolando un mar de barcos que parecen constelaciones dejamos la ciudad-estado que nos ha acogido durante tres días. Ha sido una estancia sorprendente, ilusionante y muy variada... uno de esos sitios que no nos importaría repetir haciendo escala para llegar hacia horizontes nuevos. Y ahora, sólo nos queda una pregunta... ¿volveremos a Cantaaunprobre?






















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