18 sept 2012

Letonia: los castillos livonios de Vidzeme

En sintonía con una tormenta mañanera, suena el despertador a las seis de la mañana, ya que sólo durante las primeras horas del día la piscina termal del hotel Estonia Spa es gratuita y hay que aprovecharlo. Una rusa que atiende las piscinas termales nos chapurrea en inglés que la piscina adyacente con sales del Mar Muerto no es gratuita, así que merodea abriendo armarios mientras nosotros nadamos en la piscina libre de pago. Aunque hemos dormido bien, el cansancio empieza a ser cada vez menos llevadero, y hacer algunos largos en una piscina calentita hará que los músculos se vayan preparando para el intenso día que nos espera.

Las rectas y lisas carreteras del sur de Estonia, con sus señales de peligro de alces, se van despidiendo de nosotros, hasta llegar a la frontera con Letonia, donde paramos a hacer unas fotos en el puesto fronterizo ya en desuso. Es ver una señal azul con estrellitas amarillas y un nombre de país escrito, y entrarnos unas ganas locas de pixelarnos.

El paisaje no varía mucho en la región de Vidzeme, una de las cuatro que conforman el país. Nuestro primer punto de parada es Dunte, una pequeña población donde destaca la casa del barón Münchhansen, hoy convertida en museo. Pero lo interesante del lugar no es la aristocracia letona, sino una ruta por un bosque en la que hay esculturas de madera. Patos, conejos, jabalíes, gallos, molinos y hasta una guillotina se alternan en diferentes puntos de un camino hecho de madera. Andando entre árboles y viendo setas de diferentes tamaños y colores, ¿nos encontraremos con los espíritus del bosque?

Desde Dunte ponemos rumbo al Parque Nacional del Gauja, una zona de 100 kilómetros cuadrados a lo largo del río del mismo nombre. En este paraje natural nos vamos a ver Pilis. No, no nos hemos traido con nosotros ni mirandesas ni fakiras... lo que vamos a visitar son castillos, que se dice 'Pilis' en letón. En Limbaži visitamos el primero de los castillos livonios que nos aguardan hoy. Del castillo de 1223 apenas quedan unas paredes, pero su pertenencia a la Liga Hanseática lo convierte en visita obligada si pasas por allí. También visitamos la Iglesia Ortodoxa, que se encuentra cerrada, pero la cuidadora del lugar nos deja pasar desde la cocina, donde ya ha puesto sus patatas a cocer para elaborar alguna receta rusa. Se nos ha abierto el apetito... pero ¡¡si no tenemos lats!! Sacamos dinero en un cajero, con cierta expectación, pues es nuestro primer cambio de moneda. Los billetes resultan algo bucólicos, quizá reflejen el espíritu algo tristón de los letones que hemos visto hasta ahora.

Conduciendo hacia el sureste, llegamos a Cēsis, una de las poblaciones más antiguas de Letonia y de la que se dice que es 'la ciudad más letona de Letonia'. Fue un importante centro de comercio y también perteneció a la Liga Hanseática, y, cómo no, su símbolo más notable de poder es un imponente castillo, que data del siglo XIII. Al visitarlo, nos dan un candil para adentrarnos entre sus sombríos y oscuros muros. Torre arriba, calabozo abajo, la ténue luz del candil ilumina los escalones de piedra, convirtiéndonos sin querelo en dos guardianes medievales. Con una túnica con capucha, el disfraz de Igor Cojones quedaría completado.

En los alrededores del castillo también hay un estaque y unos frescos jardines con esculturas. Pero, ¿no falta algo? Como no podía ser de otra forma, en seguida encontramos más bulbitos en una Iglesia Ortodoxa. Llama la atención que esté pintada entera de azul, y eso le da un toque bastante alegre.

En Āraiši visitamos una isla en un lago en la que hace unos mil años había una fortaleza de madera. Hoy en día hay una reconstrucción de 20 casas de madera que muestran la vida en los siglos IX y X. En Līgatne, hay algo menos romántico: un búnker soviético totalmente equipado y listo para ser usado en caso de una guerra nuclear. Nuestra visita se ve frustrada porque no llegamos a tiempo para la última visita. Además del búnker, tampoco vamos a ver Amatciems, una idílica zona residencial con pequeños lagos y bosques... algo así como La Moraleja letona pero sin setos anti-paparazzi, ni obregonas esquiva-cámaras.

En Turaida, que significa ‘El Jardín de Dios’ visitamos el castillo livonio de 1214, que se encuentra en un montículo y desde el cual se divisa el transcurrir del río Gauja. En este castillo se originó la leyenda de la Rosa de Turaida. Dicha leyenda cuenta que una huérfana llamada Maija fue criada en el castillo, y, estando enamorada del jardinero, un desertor del ejército la engañó para quedar con ella y 'sobrepasarse'; como prefería morir antes que perder su flor, le dijo al soldado que sólo se dejaría si su espada era capaz de cortarle el cuello atravesando el pañuelo de seda roja que llevaba en el cuello, y que, en teoría, la iba a proteger; y sí que lo pasó, vamos, de lado a lado.

Finalizamos nuestra ruta por los castillos livonios en Sigulda. En una zona ajardinada vemos el Castillo Medieval o 'Viejo', cuyos orígenes datan del año 1202. Al otro lado de un puente, se encuentra el castillo 'Nuevo', de 1867.

Y dicho esto... ¡¡a volar!! No, no nos vamos a ningún aeropuerto para coger un avión a ningún sitio... nos vamos a Aerodium. Se trata de un túnel de viento de casi 4 metros de diámetro que genera una corriente de aire a 200 km/h y que te eleva a varios metros.

Tras un vídeo demostrativo, un pequeño examen por parte del instructor (que sólo le falta ponernos deberes para casa), y una sesión de gimnasia a lo Eva Nasarre, subes a la plataforma... Pablo ha preferido quedarse fuera, así que estamos un grupo de tres y me toca el último. Mis predecesores lo hacen regular... y pensando que tiene que ser bastante fácil y que yo me elevaré como un pajarillo caigo como un pavo... como un pavo relleno. La boyuna me causa estragos y hace que me ostie repetidas veces contra los hinchables. Poco a poco aprendo a controlar la posición y consigo elevarme algunos metros... y, ¡¡es una pasada!! Aunque cuesta subir, cada segundo que estás suspendido en aire te proporciona una sensación de libertad indescriptible. Eso sí, para poder volar tienes que pagar ¡¡un precio que está por las nubes!!

Casualidades de la vida, y maravillas de la era digital, un amigo de Pablo se encuentra de viaje por la zona con una amiga. Así que, como quien queda en el bar de la esquina, quedamos en el centro de Rīga. Los Krog son como se denominan las tabernas tradicionales de Letonia, y la cadena Lido es una de las más famosas en la capital letona. Cenamos en una de ellas y finalizamos el día tomando unos cócteles en la planta 26 del hotel Radisson... con unas vistas espectaculares de lo que veremos mañana: Rīga.

17 sept 2012

El oeste de Estonia: tradiciones y ciudades-balneario

400.000 estonios viven en Tallinn, lo que supone casi un tercio de los 1,4 millones de habitantes que tiene el país. Así que, después de ver dónde y cómo viven los capitalinos, hoy toca visitar otros puntos de la geografía estonia. ¿Cómo lo haremos? Pues con un coche de alquiler que nos llevará por toda la planicie báltica. En torno a las ocho y media de la mañana vamos a recogerlo, y, para nuestra alegría, nos dan un flamante Renault Megane blanco nuevo... ¿cuánto tardaremos en llenarlo de comida, ropa tendida en la bandeja del maletero e información turística por todas partes?

Nos ponemos en marcha, y, para entender mejor la vida en la campiña estonia, visitamos el Eesti Vabaõhumuuseum, un museo etnográfico situado en una zona llamada Rocca di Mare. Se trata de un museo al aire libre en el que se muestra la arquitectura, la forma de vida y el folklore de Estonia. Es el típico sitio al que llevan de excursión a los pupilos de los colegios, pero para nosotros, un poco ya creciditos, nos resulta más atractivo símplemente darnos un paseo y hacernos unas cuantas fotos. Además, las abuelitas que ahora están disfrazadas de las diferentes épocas, las hemos visto cómo entraban a trabajar, y, sinceramente, en un invernadero de cáctus hay más alegría... para después estar dentro de sus casitas de madera haciendo pan y café para.. ¡¡desayunárselo todo ellas!! ¡¡No probamos bocado!! En cualquier caso, el lugar merece la pena, pero sin querer entrar en mucho detalle de lo que allí se muestra.

En estos países son bastante místicos y les encanta hacer parques con esculturas, muchas de ellas de dudoso significado. Sin embargo, en el Parque Gleni, encontramos una escultura que deja poco margen a la interpretación: un 'kurat' o diablo. También en el mismo parque hay un castillo, un cocodrilo y una torre de observación, todo realizado en piedra y formando un paseo entre árboles. Por cierto, desde que nos hemos levantado, como hoy es día laborable, nos hemos encontrado a un montón de grupos de colegiales dando clase de gimnasia en la calle, que por lo general suelen ser de muy pocos alumnos y parece que ninguno mixto. En el parque Gleni, nos encontramos un grupo de chicos que suben y bajan escaleras... ¿harán lo mismo en invierno cuando esté todo nevado?

Hemos desayunado muy poco y va siendo hora de cargar víveres, así que paramos en el primer hipermercado que encontramos... ¡¡y vaya templo!! Nos sorprende la gran variedad de productos que tienen, así que compramos alguna que otra cosa para probar. Por ejemplo, un queso con pasas delicioso, una especie de buñuelos de carne y una bebida que se llama Linnuse Kali. Parece ser que esta bebida, como tiene mucho éxito, se vendía más que la todopoderosa Coca-Cola, así que, siguiendo el lema 'si no puedes con ellos únete a ellos', la americana The Coca-Cola Company compró la empresa estonia que producía la bebida. Seamos sinceros: como jarabe para la tos, está riquísima; como bebida refrescante, algo empalagosa; como lubricante para el motor del coche, seguro que hace milagros.

La conducción por las carreteras de Estonia es muy fácil y segura. La gente respeta los límites de velocidad con una exactitud casi sospechosa. Además, aquello de 'facilitar el adelantamiento' de los libros de autoescuela, ¡¡resulta que existe!! Cuando vas a adelantar a otro vehículo, éste se aparta al arcén y te deja casi medio carril para que lo adelantes con mayor facilidad... ¡¡lo nunca visto!! (con Farruquito aquí se iban a poner las botas a multas). Siguiendo las normas de circulación con rigurosidad, llegamos hasta Veskiküla (que no vesícula, ¿eh?), donde visitamos el palacete de Vasalemma. Resulta que durante la ocupación alemana se construyeron muchas casas solariegas, que se llaman 'mõis' y que está salpicadas por toda la geografía estonia.

Unos kilómetros más al sur llegamos a Ämari, donde, visitamos un cementerio ruso de la Armada del Aire. No hay ninguna señalización, así que tenemos que preguntar para encontrarlo. Es muy curioso, porque las lápidas tienen forma de cola de avión y da un poco de miedo porque en algunas está la foto del militar sepultado... y si encima le añades que está todo escrito en cirílico... ¡¡es como estar dentro de un documental sobre la guerra fría en La 2!!

Continuamos nuestra ruta hacia la costa y llegamos a Haapsalu. Esta ciudad fue un famoso centro de vacaciones en el siglo XIX, no sólo por sus playas sino también por los tratamientos que se ofrecían en sus balnearios. De hecho, los mismísimos zares rusos acudían cada verano y hasta construyeron una línea de tren para llegar a la ciudad. El compositor ruso Tchaikovsky vivió en esta ciudad en 1867, y en su recuerdo queda un banco en el paseo marítimo donde puedes escuchar la sinfonía que aquí compuso. Otro de los lugares imprescindibles a visitar es el Palacio Episcopal, unas ruinas que los haapsaluanos han sabido rehabilitar para el disfrute de grandes y pequeños, pues han construido parques y zonas de esparcimiento entre las murallas.

Seguimos rumbo al sur y hacemos una breve parada en Koluvere, para ver el castillo que allí se encuentra. Lo están restaurando y todo apunta a que pronto pasará a ser un hotel de lujo. Aunque parezca controvertido, quizá ésa sea la mejor opción para algunas construcciones que, si no se les da utilidad, acaban en estado ruinoso e, incluso, desaparecen.


Al caer la tarde llegamos a la ciudad nacional del verano, Pärnu, que será para nosotros, además de una incoherencia porque hace algo de frío, el fin de la ruta de hoy. El Ayuntamiento nuevo y el viejo, la Puerta de Tallinn, la iglesia de Santa Catalina, la de Santa Isabel, el Monumento a la Independencia, la Torre Punane (roja) que queda de la muralla, la villa Ammende, la Iglesia Ortodoxa de la Transfiguración (donde Pablo se convirtió con un pañuelo en Pablo Gala), ... hay muchas cosas para ver, y siempre con el sonido del mar como banda sonora. Está casi anocheciendo y hay poca gente por la calle... las tiendas y bares de la calle peatonal Rüütli ya han cerrado, así que damos un último paseo por la playa y finalizamos la visita a la ciudad en el Kursaal... no, no nos hemos equivocado con la también costera Donostia... resulta que Kursaal es una palabra alemana que significa Salón de Curas, y que es habitual utilizar para designar a los balnearios cerca del mar. De hecho, hoy dormiremos en un hotel-balneario... ¿¿tendrá nuestro cansancio algún tipo de arreglo??