16 sept 2010

Baranja, Eslavonia y Banja Luka

El Hotel Retro es un sencillo hotel familiar, y lo de sencillo también aplica a la familia, porque a juzgar por el personal del hotel que nos atiende, sólo llegamos a conocer a una sonriente chica que aparece a cualquier hora del día. El desayuno es escasito, pero suficiente para poner el cuerpo en marcha.

Ponemos el GPS a funcionar para que nos dirija a Croacia, en concreto a Osijek. Poco a poco dejamos el tubo de escape mirando hacia la parte húngara de Baranja, para entrar en la parte croata. Pasamos la frontera sin ninguna dificultad, ya que ahora sólo es necesario el DNI para cruzar a la República Hrvaska. Dado que el país está en trámites de ingresar en la UE, tiene que ir dando estos pasitos para ser aceptado en el club europeo. Esperamos que el siguiente sea sustituir absoluntamente todos los supermercados por unos Dia con tickets descuento.

Ya dentro de Croacia, entramos en la región de Eslavonia, y llegamos a la ciudad más importante de la región, Osijek. Aparcamos el coche y nos dirigmos hacia el centro. En información turística, una mujer entradita en años y en carnes, titubea en su inglés y cuando ya nos da el mapa de rigor y las informaciones necesarias nos sonríe al despedirse y comprobar que ha superado la prueba. En seguida empezamos a ver un montón de tiendas, cafés y supermercados. Pero hay un problema... ¡¡no tenemos kunas!! No, no es que estemos de parto y queramos mecer a unos nuevos pipiolos, sino que no tenemos dinero croata. Como sólo vamos a estar unas horas en el país de Marco Polo, cambiamos un billete de 10 euros en una oficina de cambio ¿seremos capaces de sobrevivir con sólo 72 kunas?

Osijek es la ciudad más verde de todo el país, ya que posee 17 parques... todo un lujo ser un can eslavón. El primer lugar que visitamos es la concatedral de San Pedro y San Pablo, con una altísima torre de 90 metros... Catedral, catedral. El río Drava pasa por la ciudad, y a lo largo del paseo, en una orilla del río, se ve a la gente paseando y disfrutando del buen tiempo. De hecho, un gran número de cafeterías se han establecido tanto en el lateral como flotando en el mismo río. Nos tomamos una coca-cola y un café por muy pocas kunas en el Planet Café, mientras vemos grupos de jovenzuelas que suponemos son participantes de un torneo internacional de futbol femenino. Sobre el río Drava, vemos también la pasarela Most Mladosti (1979), el Puente de los Jóvenes.

Depués del momento terracita, nos adentramos en la parte antigua, donde se encuentra la ciudadela Tvrđa con calles medievales. Volvemos hacia el centro por la Avenida Europa, donde hay un gran número de elegantes edificios de estilo Art Nouveau, que pertenecieron a importantes industriales de la zona. También vemos uno de los iconos de la ciudad, el Teatro Urania, que, según dicen, tiene forma de órgano de iglesia. Caemos en la cuenta de que Croacia, en comparación con Hungría, es mucho más alegre y moderna.



Es curioso pero, mientras que en Hungría no se veía a penas gente con gafas de sol o pantalones cortos, aquí la gente viste mucho más moderna y las calles están llenas de vida. De hecho, todas las terrazas están muy concurridas, especialmente gente joven a la salida del insti (bueno para ellos será el instisko). En la guía, leemos que en esta ciudad nació el único director de cine croata que ha conseguido dos Óscar: Branko Lustig, por la Lista de Schindler y Gladiator ¿quién dijo que eran americanadas?



De nuevo en la carretera, los tractores aguardan en cada incorporación para obstaculizarnos la vía de único sentido. Pero poco a poco, llegamos a Đakovo. Se trata de otra ciudad muy animada y con muchas cafeterías. Son tan modernas que caemos en la tentación y nos tomamos otra ronda en sillones de diseño. Eso sí, la modernidad no ha llegado a la televisión croata porque están echando... ¡¡Sensación de Vivir!! Eso sí, en versión original con subtítulos en wachi-wachi.




De visita por la ciudad vemos primero una mezquita convertida en catedral para después ver la concatedral también consagradas a San Pedro y San Pablo, como la de Osijek... ¿acaso las construían por pares? Toca ir despidiéndose de Eslavonia, así que, apuramos las últimas kunas en comer uno de los platos típicos de esta zona de los balcanes... el burek. Se trata de un exquisito hojaldre relleno, en este caso, de queso... ¡¡mmmmm, qué rico!! Operación superada, con 72 kunas hemos disfrutado de la Eslavonia croata.







Y... ahora... ¡¡empieza la mandanga!! ¡¡wachi-wahi del bueno!! Nos dirigimos hacia Bosnia i Herzegovia. La entrada al país es algo lenta, ya que hay unos cuantos coches en la cola, y menos mal que no nos hemos confundido y nos hemos puesto en la cola de los camiones, porque esa sí que era interminable. En el control, los policías se descojonan de nuestros DNI, ¿tan mal salimos en la foto? Y sí, con el DNI también se entra en BiH. Por cierto, ¿porqué se pone una 'i' y no una 'y'? ¿es en català?


Reanudamos la marcha y vemos el cartel de Bienvenido a la República Srpska. Seguro que lo habéis leido y habéis pensado que está mal escrito... ¡¡pues erráis!! 5 consonantes y una única vocal... aquí son de lengua rápida. Y ya, para facilitar el tema, lo cascan en serbio cirílico: Република Српска. Con esto, el euskera es pan comido.

Avanzamos por el país y nos llama la atención dos cosas: 1- el país está que arde (o quizá es simplemente que es el día nacional de quema del rastrojo); 2- excepto en la aduana, no se ven banderas de BiH. Esto segundo se debe a que estamos en la parte de los serbios, la que quiere pertenecer a Serbia. Pero el acuerdo de Dayton hizo el reparto así que... ¡¡Serbios no, Bosnios!!

Por fin llegamos a la capital de la entidad política, Banja Luka (Бања Лука). Al principio da un poco de respeto, porque la ciudad parece industrial, fría y pobre (y eso que esta es la zona más acomodada del país). Pero poco a poco, caminando por la ciudad, vemos que es como otra cualquiera, con gente joven con sus móviles escuchando música, con tiendas que tienen horarios parecidos a los de España y un día a día similar al de cualquier otra ciudad europea. De camino al centro, vemos la oficina de la administración de la república, con sus banderas y policías custodiándola. Ya en la oficina de turismo, el que atiende está encantado de recibirnos, y, aunque no tiene mucha información impresa, nos da indicaciones para disfrutar de la ciudad. De nuevo... ¡¡no tenemos dinero para hacer nada!! Sacamos Marcos Convertibles en un cajero. Esto ya es un lío con tanta moneda y diferentes tipos de cambio... ya podemos echar el currículum en el Banco Central Europeo.





Visitamos las ruinas de la mezquita, o mejor dicho, las ruinas que los serbios quisieron dejar de ella. Después, la fortaleza Kastel, de la que quedan básicamente las murallas y los torreones, pero con unas magníficas vistas al río verde turquesa Vrbas (muy fácil de pronunciar, sí sí).




Con ansias de bulbitos, vemos las dos iglesias Ortodoxas, una con bulbitos dorados y otra con bulbitos verdes. En esta última, asistimos a una misa ortodoxa. No hay ni altar, ni bancos para sentarse, ni tan siquiera hay un cura que dé la misa, sino que la va leyendo desde un lado, casi escondido. Realmente curioso.


En el centro, sólo hay una calle peatonal, que se podría decir que es la Preciados Banialukesca. Tiene edificios de colores y tiendas de marcas, pero también descubrimos entrando por un pasadizo una zona de restaurantes y cafeterías. Como somos de apetito fácil, nos sentamos en uno y pedimos casi al azar... ¡¡vaya cena más Mala que nos pegamos por unos 11 euros los dos!! (eh, que Mala significa grande).

El día ha sido completito, y como mañana BiH nos tiene más sorpresas preparadas para descubrir, nos vamos al hotel Braća Đukić a descansar.

15 sept 2010

De Paks a Pécs

En Vadaszkurt Panzió hemos podido disfrutar de un apartamento inmenso, con muebles estilo Ikea pero muy apañado todo. Una cosa que poco a poco vamos confirmando es que, las sábanas de todos los hoteles las deben de lavar con agua hirviendo y todas han encogido, porque siempre son más pequeñas que los colchones.

Antes de abandonar la ciudad con nombre de trabalenguas, visitamos un par de sitios que el día antes habíamos dejado. Por un lado, vemos un parque con esculturas de reyes húngaros tallados en madera. Se ve que el rollo monárquico les chifla. Por casualidad descubrimos un mercadillo que están montando, muy parecido a los que suelen montar en España, pero con la diferencia que, en lugar de a un euro, la braga-tanga cotiza a 200 florines. Las lugareñas, especialmente las entraditas en años, se acercan para aprovechar las ofertas.




El otro punto que visitamos es el Castillo de Bory. No tiene nada que ver con el Izaguirre, o por lo menos que sepamos. Se trata de un palacete romántico a las afueras de la ciudad, con torreones, estatuas y un cuidado jardín.





Ya en la carretera, paramamos en un pueblo perdido, donde compramos unos bollitos para desayunar. Es temprano aún y la panadería aún no ha empezado a hornear en condiciones, así que, prácticamente arrasamos con las existencias.

Nuestro ya familiar el arquitecto Makovecz Imre nos tiene una nueva sorpresa preparada: la iglesia católica de Paks. Se trata de una iglesia construida en el 1987 y que parece salida de una película de Tim Burton. Por lo que podemos ver, está echa en madera y pizarra, y nos  llama la atención que tiene en cada una de las tres torres los símbolos de tres religiones diferentes, para que todo el mundo esté en paz. Disfrutando de las vistas, nos hacemos un picnic al aire libre, con cosas que hemos comprado en un supermercado Aldi.

Desde Paks, vamos hacia Pécs (que sepamos no existe ni Piks, ni Poks, ni Puks, pero quién sabe). El paisaje a medida que vamos hacia el sur se vuelve más montañoso, bastente parecido al vasco.

Llegamos a Pécs y la ciudad nos cautiva desde el principio. Esta ciudad fue ocupada desde los romanos hasta los turcos, dejando impresionantes construcciones de todos los estilos. Tiene de todo, desde el título de la Unesco en varios de sus monumentos hasta el título de Ciudad Europea de la Cultura 2010; desde restaurantes elegantes hasta cafeterías llenas de deliciosos dulces; desde mezquitas a catedrales... esta ciudad es simplemente ¡¡im-pécs-sio-nan-te!!



Empezamos la visita por la plaza mayor. Está rodeada de edificios aristocráticos, preciosas fuentes y especialmente uno de sus iconos, la mezquita de Gazi Kassim Pasha. Al visitar la mezquita nos sorprende ver que en su interior hay una iglesia católica. Es una fusión muy curiosa, ya que conserva el estilo musulmán, pero tiene imágenes católicas. En esta ciudad hay unos cuantos edificios de esos con los tejados de tejas de colores. Eso es debido a que en esta ciudad estaba la fábrica de Zsolny, quien creó un estilo que se fue expandiendo por toda Hungría y por algunos países limítrofes. Las tejas y cerámicas de esa fábrica se siguen produciendo en la actualidad, y se dice que son de muy alta calidad. De hecho, hay una tienda donde se venden objetos decorativos de esa marca, con precios realmente prohibitivos.





La basílica de San Pedro, edificada en 1881, es otro icono de la ciudad. Por fuera, sorprende que tenga cuatro campanarios. Por dentro, las cerámicas azules la diferencian de la mayoría de catedrales. Quizá por eso, la catedral posee el título de Patrimonio de la Humanidad.





La ciudad posee otras joyas como un mausoleo paleocristiano, las ruinas de Cella Septichora (nombre romano de la ciudad), otra mezquita, restos de unos baños musulmanes, etc. Pero, ya que hemos visitado una mezquita y una catedral, vamos a hacer triplete visitando la sinagoga. En la entrada, un hombre mayor enseguida detecta nuestro idioma y enseguida se pone a hablar en español. Cómo no, pasa del Hola Amigos a mencionar el Real Madrid. El hombre es muy simpático y nos da información en castellano acerca del judaísmo y del templo. Con este interesante edificio, acabamos la visitas culturales por hoy.

El día ha sido muy tranquilo y nos ha servido para recuperar las energías que llevábamos gastadas desde el inicio del viaje. Pécs nos ha cautivado. Hoy terminamos una etapa del viaje, la parte oeste de Hungría, ya que mañana saldremos del país por el sur... pero antes, a descansar al hotel Retro.