4 mar 2024

Luxor: Valle de las Reinas

Cuatro y media de la mañana y el gato zombie nos despierta compitiendo con el muyahidín que, micro en mano, llama al rezo en estas horas tan vespertinas. Ducha, café del hervidor, recoger Breakfast Box, dejar para reutilizar la caja y los cubiertos y comenzar el ritual diario… nada más salir del hotel nos ofrecen taxis y calesas, dramatizando nuestra negativa y persiguiéndonos para ver si sucumbimos. ¡¡Por Alá, un poco de respeto!! Que está el muyahidín diciendo cosas serías… no queda otra que decirles que quizá más tarde… y veo que no hay Luxor suficiente como cojamos todas las calesas que hemos prometido.

Nuestro hotel está entre el zoco (nuestra ventana tiene hilo musical directo) y el mismísimo paseo de las esfinges (que conecta el templo de Luxor y el de Karnak)... y también está a pocos pasos de edificios con sólo algunas plantas habitadas, calles sin asfaltar y bastante suciedad… y eso que es la zona turística. Caminamos paralelos a la avenida de las esfinges que está iluminada, sorteando las primeras motos, furgonetas y calesas, a veces subiéndonos a la acera de 20 centímetros de ancho y 20 centímetros de alto apta para bailarinas. Y llegamos al puerto, donde tenemos que despertar al que vende los billetes. Mierda, no tengo el importe exacto ¡y eso es de principiante! Le decimos el importe y nos empieza a hacer caras raras, a lo que le empezamos a vacilar, y él responde imitándonos… “no, fiftin fiftin fiftin” dice haciendo muecas… confiando en que está en un cubículo y no puede escapar, le doy el billete de 200 libras y, esperando el cambio, nos empieza a hacer un juego de billetes intentando darnos menos… Si este tío supiera que estamos renunciando a dos desayunos bufé en el hotel, no se andaría con bromitas. Menos mal que Pablo, que está rápido, le suelta un “ok, the mobile for me” y con todo su papo le quita el móvil… ¡¡vaya gol Mohamed!! Rebusca refunfuñando el taco de tickets y nos da la vuelta para recuperar su Nokia mugriento. Y ala, a seguir durmiendo que el cupo de turistas cojoneros lo tienes cubierto por hoy.

La verdad es que cruzar el Nilo entre burkas y turbantes como los lugareños está siendo más fácil que aparcar en el aeropuerto de Alicante. Porque, en un pispás, estamos en la orilla occidental donde antes de la hora acordada, las seis de la mañana, nos reencontramos con Ali, nuestro chófer particular que tiene un aire a Morgan Freeman. “Hello, my friend” y ale, al coche a recorrer lo que nos queda por ver de la necrópolis de la antigua Tebas.

Nuestro primer destino es El Valle de las Reinas, donde además de las de algunas faraonas también hay tumbas de príncipes. Acaban de abrir y somos los primeros turistas en llegar; de hecho, los primeros rayos de la mañana iluminan el valle salpicado con accesos a tumbas y puertas metálicas que encierran descubrimientos por revelar. La entrada permite la visita a las tres tumbas abiertas al público y, adicionalmente, está la opción de pagar unos 60 euros por ver la tumba de Nerfertari, algo que consideramos del todo desproporcionado.

Nos dirigimos a la tumba de Amunherjepshef, donde un guarda nos ve acercanos y se dirige a abrirnos la puerta. Una vez hemos entrado el guarda también accede, donde intenta explicarnos cosas para pedirnos propina… pero nosotros tenemos la audioguía de mi voz grabada con el texto de la guía, y le hacemos una seña para que vea que ya tenemos la información que necesitamos. Esta tumba es de uno de los hijos de Ramsés III, que murió siendo un adolescente. Además, se expone un feto de cinco meses que se encontró en la tumba y del que los arqueólogos no se ponen de acuerdo sobre quién es.


La siguiente tumba que visitamos es la de Titi, que se duda si realmente fue una reina. Como cosa rara que se encontró en esta tuma son representaciones de Titi en su niñez, adolescencia y vida adulta; algo muy raro y extraño que no se ha visto en ninguna otra tumba. Es una de las tumbas más pequeñas.

La tercera tumba que visitamos es la de Jaemwaset, otro hijo de Ramsés III que también murió joven. A diferencia de las tumbas del Valle de los Reyes, las tumbas del Valle de las Reinas son mucho más pequeñas y las pinturas están peor conservadas. Quizá por este motivo, la afluencia de público es considerablemente menor. Igual es porque es muy temprano, pero la verdad es que hemos visitado las tres tumbas nosotros solos; bueno, acompañados siempre de un guarda que se quería ganar un dinero extra y se ha ido igual que ha venido.



Desde el Valle de las Reinas caminamos durante unos veinte minutos hasta Der Al Medina, un poblado donde vivían los trabajadores de las tumbas de Reyes y Reinas, que también es conocido como el Valle de los Artesanos. La entrada incluye la visita a tres de tumbas, y hemos comprado un ticket adicional para visitar otra más.

La primera tumba que visitamos es la de Inherka, el supervisor y líder de los constructores de las tumbas más importantes. En su interior, una de las pinturas más relevantes es un gato matando una serpiente bajo un árbol sagrado. Es una tumba muy pequeña… pero aún así el tumbero se empeña en estar con nosotros, para señalarnos las pinturas más relevantes en busca de propina.


La segunda tumba que visitamos es la de Sennendjem. Es otra tumba muy pequeña y bellamente decorada. El guarda, otro diferente al anterior, también entra en la tumba con nosotros y, con la excusa de hacernos fotos, Pablo le dice directamente que se salga… ¡¡Y el tío obedece!!

La tercera visita es un conjunto de pequeñas galerías con las tumbas de la familia Amennajt, conocidas como las tumbas monocromáticas, ya que daban protagonismo a un único color. Hay que entrar agachado, casi a gatas, y también son una auténtica pasada. En este caso, el guía de esta tumba directamente ya ni intenta perseguirnos en busca de la tan codiciada propina.



La última tumba que visitamos es la de Pashedu, quién se hizo retratar rezando bajo una palmera. Esta tumba tiene una entrada adicional y tampoco vemos que destaque contra el resto; tan sólo, quizá, por el nicho que tiene integrado. El guarda permanece con nosotros y, visto que son un poco insistentes, Pablo utiliza la técnica de explicarle él al guarda los jeroglíficos: señalando unos egipcios con la cara verde, le dice que están enfermos… y yo complemento diciendo “First” señalando la cara verde y “Second” señalando el nicho. Una sonrisa le hace olvidar que lo que quiere es una propina… hasta que salimos del recinto donde nos la pide claramente. Le decimos que no, que las entradas son demasiado caras y que la propina se la tiene que dar el presidente El-Sisi… Pablo le dice “ask the president for a salary rise or revolution”. Por Alá, si dentro de unos meses cae el Gobierno egipcio y hay disturbios, no queremos saber nada.


En el Valle de los Artesanos, además de la excavación del poblado, también hay un bonito templo dedicado a Hathor, la diosa del placer y del amor. En su interior hay tres salas con bonitas pinturas en relieve y, por fin, vemos a los primeros turistas del día. “Franceses” dice Pablo y una jovencita con aire dictatorial nos dice muy seria “Belgas”, a lo que respondo simulando que le reprendo a Pablo por haber cometido tan imperdonable error.


De nuevo en el coche con Alí alias Morgan Freeman, vamos hasta Medinat Habu, un templo que pocos turistas visitan y que es una auténtica pasada. Vinculado a Amón, fue el templo funerario de Ramsés III, Hatshepsut y Tutmosis III. Hay diferentes estancias, con colosales columnas que aún conservan pinturas y que también tienen profundos relieves. En el mismo recinto se trabaja en la restauración de diferentes hallazgos del templo.




Nuestra última dosis de tumbas es en el Valle de los Nobles, donde se enterraba a gente cercana a los faraones. La primera tumba que visitamos es la de Ramose, que tiene un pago adicional y que, sinceramente, no acabamos de verle la gracia. Igual es importante porque tiene relieves en lugar de pinturas… pero, por dentro, parece que está excesivamente restaurada. Así, a simple vista, diríamos que el Ecce Hommo es más original. Después, visitamos la tumba de Sennofer, cuya peculiaridad es que el techo está pintado con racimos de uvas. 

El broche final de visita a tumbas lo pone la de Rejmira… por donde. Es una capilla funeraria sin cámara funeraria, con una forma peculiar que consiste en que el techo se va ampliando gradualmente. Aunque visualmente pueda no parecer muy espectacular, es una de las más importantes, dado que en ella hay unas 600 figuras que describen la administración egipcia, el pago de tributos, ritos funerarios, vida cotidiana… es un libro abierto sobre la historia del Antiguo Egipto.


Nos reencontramos con Ali y nos dirigimos al último destino. Por el camino, Pablo le pregunta a Ali sobre asuntos de economía, política y sociedad egipcias. Parece que sólo la política de Hosni Mubarak le convencía y no está muy contento con el presidente El-Sisi. Así que, Pablo le instruye para que luchen contra los radicales islámicos, cuiden a los cristianos que forman parte importante de su historia y, sobre todo, cuiden al turista, que es la fuente de ingresos más importante… y si no, ¡¡revolución!! Ay, ya lo veo en los periódicos “turistas españoles ocasionan una segunda primavera árabe y, encima, abandonan el país sin dar ni una única propina”.

Nuestra última visita son los Colosos de Memnón, dos estatuas de 18 metros de altura y mil toneladas que representan a Amenofis III. Estas estatuas estaban situadas a la entrada del templo del faraón, el cual se está excavando en la actualidad. Es curioso porque las piernas de la estatua de la derecha están llenas de graffitis… ¡¡de la época de los griegos!!


Son poco más de las diez y media y ya hemos terminado nuestro recorrido con Alí por los emplazamientos que nos faltaban por ver en la orilla occidental. Ha sido una maravilla poder visitar las tumbas prácticamente sin más turistas, y poder contemplar las pinturas de más de tres mil años.

De nuevo en la orilla oriental, damos un paseo por el nuevo paseo marítimo de Luxor, hasta llegar a un KFC donde aprovechamos a comer. Lo que yo me pido está picante nivel Chucha… muy adecuado para seguir caminando luego bajo el sol y las calles de Luxor. Probamos a callejear por diferentes lugares y, sinceramente, hay barrios que sólo los arreglaría un lanzallamas. Nos resulta curioso que muchos niños nos saludan y se muestran excitados al ver a dos guiris fuera de la zona turística. Algunos niños, los menos, también se han aprendido algunas frases básicas como “What’s your name” y “Money”.

El madrugón de esta mañana sólo lo podrá contrarrestar una buena siesta durante las horas de más calor… así que nos retiramos a nuestros aposentos. Después de un descanso reparador, nos lanzamos a la calle a dar un paseo por la ribera dirección norte. Pero, ¿qué es ese olor? Por aquí y por allá se ven pequeñas columnas de humo, que generan una boina oscura en ambas orillas del Nilo… son las 17:30 y parece que es la hora de la quema de la basura. Por si no había suficiente contaminación… De hecho, hasta nos pica un poco la garganta de a saber lo que respiramos.

Llegamos hasta el Templo de Karnak, que visitaremos mañana, pero que queremos ver si está iluminado y confirmamos que no, o que, al menos, no se puede ver desde fuera. En cualquier caso, estamos "en Karnak de noche", ¿digamelón?, A la vuelta, después de estarnos días ofreciendo calesas, terminamos sucumbiendo a una. No soy muy de estas cosas porque no veo a los pobres caballos bien cuidados… pero Pablo está en lo cierto de que, contribuyendo a ello, es posible que así pueda comer el animal. El paseo resulta entretenido y, como era de esperar, el calesero nos viene con las rebajas al no tener cambio. Redondeamos para su beneficio pero nos llevamos una foto del espectáculo sin esperar que nos muestre más su palma abierta.

Hemos hecho hambre y probamos en un restaurante… donde descubrimos, una vez más, que tienen dos cartas: una en árabe y otra en inglés, con diferentes precios. Como resulta cansino esto de ser un cajero automático con patas, decidimos acogernos a sagrado y cenar en el McDonald’s… con precios iguales para todos y comida sin lujos ni sorpresas. Quién iba a decir que la cadena americana de hamburgueserías haya resultado ser una píldora de tranquilidad en medio de esta caótica ciudad.

El día se va terminando y nos dirigimos al hotel. Para llegar, resulta inevitable recorrer una parte del zoco, donde aprovechamos a provocar los últimos intentos de venta. “Escarabajo” decimos en alto y “escarabajo un euro” responden; “papiro” decimos y “papiro un euro” responden; “especias” decimos y “especias amigo” responden. Ya nos conocen y, de hecho, algunos nos dicen que ayer les dijimos que yo-que-sé… pero una risita cómplice delata que saben que estamos jugando a su juego y hasta les hace gracia. La palabra es, cómo no, “Escarabajo”.

3 mar 2024

Luxor: Valle de los Reyes

Cuatro y media de la mañana y suena el despertador. Una duchita para despertarse y, como lo han oficializado aquí, un “Nescafé” preparado con el hervidor que tenemos en la habitación. En estos países en los que reina el té, el café se suele limitar a agua o leche caliente con un sobrecito de café soluble, para satisfacer las necesidades del turista occidental. Tenemos el desayuno incluido, pero se empieza a servir a partir de las siete de la mañana, algo que no nos podemos permitir si queremos realizar la visita de hoy sin aglomeraciones de turistas. Así que anoche pedimos que nos prepararan un Breakfast Box para el camino… y al abrir la caja sorpresa vemos que es bastante completa.

Salimos del hotel y hay poca gente por la calle. La Avenida de las Esfinges, que conecta los templos de Luxor y de Karnak la tenemos frente a la puerta del hotel, y nos hace barrera para llegar al río, por lo que tenemos que andar hasta encontrar un puente que la sobrepasa. Se producen los primeros “Bienvenido amigo” y “Where d’you come from”, pero aún es un mero calentamiento.

Viajar por libre requiere un arduo estudio para saber cómo moverte y cuánto pagar. Como era de esperar, en el embarcadero público que sólo lo suelen utilizar los locales, nos intentan inflar el precio… y, una vez más, tenemos que negociar para que nos cobren el precio justo. “No, my friend, 15 pounds return”… aquí nada de phrasal verbs ni third conditional… con el inglés de la EGB se negocia mejor, que no los veo yo sacándose certificados de Cambridge. Además, nada de soltar el dinero sin que nos dé las vueltas y el billete, cuyo talonario le cuesta encontrar porque debemos de ser los primeros en mucho tiempo que lo pedimos.

Son poco más de las cinco y media y hace una temperatura algo fresca para ir en manga y pantalón corto, especialmente esperando en el embarcadero con el viento que discurre por el Nilo; pero hemos preferido ir algo ligeros porque hoy se prevé alcanzar los treinta grados. Tras unos minutos de espera, llega un ferry lleno de gente desde la otra orilla, y aún sin haber parado, los pasajeros empiezan a salir de la embarcación usando puertas y ventanas. Los pocos que estamos esperando, embarcamos de forma mucho más ordenada, y, ya que estamos, decidimos ir a la cubierta superior. Ambas orillas no están muy iluminadas, y, a excepción de los cruceros atracados, no se ve gran cosa. De hecho, diría que, en los menos de diez minutos que dura el trayecto, ha amanecido y ya hay mucha luz.

Estando a punto de atracar, un hombre con chilaba y turbante entra en conversación. La estrategia es sencilla… interesarse por saber de dónde venimos, chapurrear alguna palabra en nuestro idioma y preguntar a dónde vamos para ofrecernos sus servicios. El recorrido de hoy teníamos pensado hacerlo en un taxi, tuc-tuc o, si no se diera bien, incluso andando. Así que Pablo empieza a negociar con él para que nos lleve hasta el Valle de los Reyes. Dentro del juego del regateo, el hombre pasa por breves estadíos de enfado, incomprensión e intento de abandono… para acabar aceptando el precio propuesto. El coche, blanco con algunas rayas azules está bastante cascado, pero, sinceramente tampoco lo esperábamos impoluto de leasing. Cruzando algún terreno de cultivo, casas destartaladas y calles mugrientas, nos enfilamos hacia tierras áridas mientras vemos en el horizonte unos 35 globos en el cielo. Aunque aquí todo el negocio gira en torno a la civilización egipcia, es de agradecer que se hayan desarrollado algunas actividades complementarias… y, cómo no, el conductor nos ofrece un viaje en globo porque un amigo tiene una empresa que lo realiza.

El conductor, que se llama Alí, parece un hombre bueno, desgastado por el sol y la difícil vida egipcia, en la que inflar precios a los turistas no es una cuestión de maldad, sino de necesidad. Decidimos ofrecerle una oportunidad de negocio, para que nos lleve a los diferentes puntos que queremos visitar y que nos espere durante la visita… y oye, que tampoco nos apetece estar andando bajo un sol abrasador. Por el equivalente a siete euros hará de chófer durante unas tres horas. Pablo, a estas alturas, ya debería actualizar Linked-in poniendo “Máster exprés de negociación - 200 créditos de prácticas en las calles de Egipto” o “Máster en gestión internacional de flota de vehículos - tender de conductores”.

Alí nos lleva hasta la puerta de entrada a “El Valle de los Reyes”, la necrópolis de la antigua Tebas donde están las tumbas de la mayoría de los faraones del Imperio Nuevo. Tras pasar una pequeña zona comercial, validamos las entradas que ya llevamos compradas y cogemos un carrito que nos lleva hasta la zona de tumbas. Éstas, se numeran en el orden en el que han sido descubiertas y se les antepone ‘KV’ de ‘Kings’s Valley’. Con la entrada se incluye visitar tres tumbas gratuitas y, para algunas concretas, se requiere el pago de una entrada adicional.

La primera que visitamos es la KV 2, de Ramsés IV. Es la que más jeroglíficos tiene, además de una entrada de 86 metros de largo. Se cree que en ella vivieron monjes coptos, ya que se han encontrado en su interior inscripciones coptas, cruces y santos.



La segunda que visitamos es la tumba KV 62 del archiconocido Tutankamón, que requiere del pago de una entrada adicional de 15 euros por cabeza. En sí, la tumba es una de las más pequeñas, sólo tiene una parte decorada y no es gran cosa… pero es la única en la que se conserva la momia del farón dentro: Tutankamon está ahí, dentro de una vitrina, consumido y con los deditos de los pies al aire. El madrugón de esta mañana nos recompensa con poder estar los tres en intimidad y podemos disfrutar de la visita sin tener que dar codazos a otros turistas.



Hijo de Akenaton, Tutankamon fue faraón desde los ocho años y murió con tan sólo diecinueve, sin dejar descendencia (tuvo dos hijas que murieron) y poniendo fin a su dinastía. De hecho, se piensa que debido a su pronto fallecimiento lo enterraron en una tumba que no estaba destinada a ser la de un farón. Entoces, si murió tan joven y no le dio tiempo a hacer gran cosa, ¿por qué es conocido? Realmente su fama se debe al descubrimiento de su tumba: el egiptólogo inglés Howard Carter encontró en 1922 su tumba, casi intacta, debido a que los escombros de la tumba de Ramsés VI ocultaron su acceso, manteniéndola alejada de saqueadores. En su interior se encontró un tesoro, hoy en el museo de El Cairo, de incalculable valor. Pero ojo, en esta tumba no hay ni trampas ocultas, ni fosos con serpientes, ni compuertas de piedra… sólo una rústica escalera que desciende hasta la cámara funeraria… y a una experiencia única.

La siguiente tumba que visitamos es la KV 11 de Ramsés III, una de las mejor conservadas y que tiene hasta cámaras laterales. Con una preciosa decoración, la curiosidad que tiene esta tumba es que hace curva, ya que en su construcción se encontraron con otra tumba que tuvieron que salvar. Son ya en torno a las siete y media de la mañana y el lugar empieza ya a abarrotarse… ni los 125 metros de pasillo de la tumba son suficientes y empieza a haber alguna que otra aglomeración en determinados puntos. Hacerse fotos o disfrutar de los jeroglíficos, escenas y “libros” pintados en las cámaras, empieza a ser cada vez más complicado.


La tercera tumba gratuita que visitamos es la KV 6 de Ramsés IX, última del Valle de los Reyes en ser construida y la primera en ser abierta al público.



Aunque ya hemos visitado tres tumbas gratuitas, resulta que en la primera nos sellaron la entrada de una que vamos a visitar en el Valle de los Monos, así que, teóricamente tenemos una adicional. Nos dirigimos a visitar la KV 34 de Tutmosis III, pero está cerrada. Éste fue uno de los primeros faraones en enterrarse en el Valle de los Reyes y su máxima preocupación era encontrar un emplazamiento de difícil acceso para evitar los saqueos, por lo que pidió que su tumba estuviera casi perdida en el monte. Parece ser que, muchos de los saqueadores eran los propios súbditos que organizaban la tumba y el funeral… así que tampoco tenía sentido tanto secretismo, si bien ello habra contribuido en parte que estas tumbas hayan llegado hasta nuestros días.

Al no poder visitar la de Tutmosis III, improvisamos y visitamos la KV 14 de Tausert y Setnakht. Esta tumba sirvió para la reina Tausert, que posteriormente fue sacada para ser tumba de Setnakht. Según la guía, se ve claramente que hay decoración de la reina y que luego se hicieron decoraciones adicionales para el nuevo residente de la tumba. A estas alturas, ya tenemos bastante lío con las diferentes dinastías, libros de la vida y muerte, significados de las pinturas… así que nos limitamos a entrar y mirar, mientras escuchamos la guía… sí, digo “escuchar” porque hace un par de semanas se me ocurrió grabarme leyendo la guía, para luego no tener que estar con el libro en la mano… además, cada uno llevamos un auricular y así lo escuchamos a la vez. ¡¡Ideaza!!



Para el final nos hemos dejado la KV 9 de Ramsés V y VI, que requiere de pago adicional. Es una de las mejores conservadas porque, por su posición, estaba a salvo de inundaciones. La inició Ramsés V, pero luego vino Ramsés VI y se la usurpó. A destacar de esta tumba es que en la sala sepulcral hay dos sarcófagos y el “Libro de la Tierra” pintado en el techo. Es una auténtica maravilla y, al ser de pago, el número de españoles chillones es muy reducido.



Habíamos leído y visto en algunos vídeos que era frecuente que en las tumbas los guardas te pidieran dinero por sacarte una foto, por darte alguna explicación o por dejarte pasar a alguna zona restringida al público. Igual se debe a que hemos sido extremadamente precavidos, pero para nada diríamos que es algo reseñable. Todo a transcurrido con normalidad, han sido agradables y el gran triunfo ha sido llegar poco después de las seis de la mañana, poco después de abrir, cuando aún hay pocos turistas. El Valle de los Reyes ha sido, sin duda, una experiencia imprescindible en una visita a Egipto.

Además del Valle de los Reyes y el de las Reinas, que visitaremos mañana, hay algunas tumbas desperdigadas por los alrededores. Al ser menos accesibles y menos conocidas, quedan fuera de los circuitos turísticos, pero es una lástima porque son igual de interesantes. Nosotros llevamos comprada la entrada para la tumba de Ay, en el Valle de los Monos. Alí, que nos está esperando en el aparcamiento nos conduce colina arriba y en determinado punto para y llama a alguien que está en una rudimentaria casa; el hombre sale, se coloca el turbante y se monta en el coche. Cuando llegamos a la tumba, resulta ser el tumbero que nos abre la puerta. La tumba tiene dibujados doce monos que representan las horas nocturnas, y que son similares a los de la tumba de Tutankamon… de hecho, se piensa que la tumba que estaba destinada al joven faraón iba a ser ésta, mucho más grande. Aunque todas las tumbas esconden algo misterioso y enigmático, el visitarla a solas lo convierte en algo muy especial. De hecho, a la vuelta, el tumbero nos dice que hoy somos los únicos que la hemos visitado.



Nuestro siguiente destino es el Templo funerario de Hatshepsut, que fue una de las reinas-faraonas más importantes. Accedió al trono porque fue sobreviviendo a sus hermanos, si bien su padre Tutmosis I fue aleccionándola para que terminase gobernando. El templo es una auténtica pasada, porque parece casi hasta moderno y su color de piedra arenisca se integra perfectamente en el entorno. Tiene varias terrazas, que en su momento estaban repletas de estatuas, un pequeño santuario y muchas escenas e inscripciones. A diferencia de las tumbas que tienen una profusa decoración, este templo nos sabe a poco… si bien es cierto que es muy icónico, en la corta distancia no acaba de conquistarnos.



Son tan sólo las diez de la mañana y estas cuatro horas de visita han sido realmente intensas. El sol empieza ya a calentar y toca reunirse con Alí para que nos devuelva al puerto. En el trayecto, el luxorí nos propone un abanico de excursiones para los próximos días y nos recuerda que hablemos con su amigo de los globos aerostáticos. Nosotros, que ya llevamos hablada nuestra propia propuesta, le decimos que mañana a la misma hora queremos que nos lleve al Valle de las Reinas y otros emplazamientos concretos, por el mismo precio que hoy. El teatro se repite, para terminar aceptando… su técnica es reblandecer nuestro corazoncito solidario, la nuestra es ser generosos pero no idiotas.

Nos despedimos de Ali hasta mañana y cruzamos el Nilo hasta la orilla oriental. Damos un paseo por las afueras del templo Luxor, mientras nos ofrecen insistentemente calesas y taxis. Visitamos un par de iglesias coptas a las cuales se accede pasando un arco de seguridad. Comemos en un restaurante con comida deliciosa y nos vamos a descansar al hotel. Una siesta de tres horas no sé si nos repone o si nos deja más agotados… para, cuando está poniéndose el sol, volver a pisar la calle.

Sin rumbo fijo, acabamos en un mercado de frutas y verduras, donde compramos peras, fresas y unas frutas que no conocemos. Como siempre, la gente nos habla y nos da la bienvenida a su país, y aquí, un joven se empeña hasta en regalarnos una sandía, que rechazamos porque ese regalo acabará siendo una venta encubierta. A su vez, aprovechamos para repasar los números en árabe, algo que nos ha resultado muy útil para que nos cobren lo mismo que a los lugareños… y que conste que hasta los números tienen trampa… el ‘0’ es un ‘5’, el ‘7’ es un ‘6’...  

Compramos por aquí y por allá dulces típicos, panes, una especie de risquetos (en un primer intento nos vamos de un puesto porque entre ellos se ponen a discutir de qué precio darnos)... Y todo con un tráfico loco, luces de neones, tenderos reclamando tu atención, el de las calesas que no entiende que no quieras coger una, sorteando cables y tubos en el suelo con los que no tropezar… es una borrachera sensorial de mucho cuidado. 

Nuestro hotel está justo en el zoco… y como digas que mañana te vas a pasar… ¡los jodidos se acuerdan! Yo no me acuerdo ni qué he desayunado, pero ellos te repiten lo que les dijiste… “tú decir que hoy venir, ayer querer lámpara”... Le habíamos echado el ojo a una de esas lámpara de cobre (o latón) con agujeritos… y habíamos quedado con uno que hoy negociaríamos el precio. Nos intenta hacer el lío y nos pide ¡¡54 euracos!! Pero, ¿La sacaste de la tumba de Tutankamon o qué? Le dejamos con la lámpara y su genio y nos vamos a otro puesto… donde compramos la misma y una taza por 12 euros… y sabemos que, aún así, está inflado… ¡Y anda que no vamos a tener que frotar para mantener el brillo!

Lámpara en mano, desandamos el zoco hasta el hotel, mientras decimos “papiro” o “escarabajo” de vez en cuando para mantener a los vendedores activos… es que nada más decirlo tienes a tres diciendo a la vez “escarabajo un euro” o “papiro un euro”. Un señor en chilaba le dice a Pablo “tu querer escarabajo, mirar tienda…” y Pablo le dice, “no, escarabajo no, Escarabillera”... El vendedor le dice desconcertado “¿Qué es Escarabillera?” Y Pablo le dice “una muñeca” … y el jodido le dice “Yo tener Escarabillera, ven a mirar”. Así que, este año, si en las fiestas de mi pueblo Basauri, no se consigue recuperar a la muñeca Escarabillera que se suelta en el fin de fiestas con globos gigantes, que sepáis que hay muñecas de repuesto en Luxor… ¡¡a un euro!!