20 sept 2012

Palacios de Zemgale y las etnias de Kurzeme

El sonido del trolebus y de los barrenderos rigueses indican que la ciudad ya ha despertado. Cruzamos el pasillo helado hasta el salón del desayuno, donde reponemos fuerzas y nos llevamos algo para 'media mañana'. Queda confirmado... Pablo ha sido poseído por Colón y paseará sus huevos, cocidos, por media Letonia.

Saliendo de la ciudad, vamos contra corriente de las retenciones a la entrada de Rīga. Rumbo al sur por la Vía Báltica (hoy carretera A7), empezamos la ruta por los castillos y palacios de la región de Zemgale, y Bauska es nuestra primera parada. Un ayuntamiento de estilo alemán y una catedral ortodoxa de bulbos azules llaman nuestra atención. Después, visitamos el Castillo de la Orden de Livonia de 1443, asentado estratégicamente en la conjunción de dos ríos y cuyo objetivo era controlar el comercio entre Rīga y Lituania.


Cerca de Bauska, paseamos por los jardindes del Palacio de Mežotne, construido para la noble familia Lieven y que hoy es un hotel de lujo. En lugares así, uno no sabe si tocar el clavicordio o pasear con un parasol y un pañuelo en la mano.






Uno de los platos fuertes del día, de esos que no se ingieren, es el Palacio de Rundāle en Pilsrundāle. Construido en 1736 en estilo barroco, es testigo mudo de un pasado glorioso. Todos los palacios europeos acaban siendo bastante parecidos, es como si a todos les hubiese llegado el equivalente al catálogo de Ikea del siglo XVIII, así que, entre el mobiliario y la ostentosidad habitual, destacaremos las preciosas estufas de cerámica que están presentes en la mayoría de estancias. Para visitarlo, hay dos rutas diferentes y hay que pagar una tarifa extra para sacar fotos, ¡¡la ruina de Pili!! . Lo que no sabemos es por qué la mayoría de visitantes van con unos patucos de plástico azul y nosotros no... con tanta estufa, ¿habrá riesgo de radiación?

Jelgava fue la capital del ducado de Curlandia, un feudo casi independiente de la antigua Polonia. Visitamos su catedral bulbesca, el Ayuntamiento que antes era un palacio y subimos a la torre de la Iglesia de la Santa Trinidad, desde cuyo mirador en la planta 9ª se obtiene unas amplias vistas de la ciudad... ¡¡de la ciudad en obras!! Porque alrededor del río están construyendo su pequeño Abandoibarra. De hecho, como Deusto es a Bilbao, la universidad de Ingenieros Agrónomos es a Jelgava. Esta institución docente se alberga en un palacio de 1738, antigua residencia de los duques de Curlandia. Este palacio y el de Rundāle son poco conocidos, pero ¿por qué tienen algo que nos resulta familiar? ¿Quién no ha visto alguna vez el palacio que alberga el museo Hermitage de San Petersburgo? Pues resulta que son todos obra del arquitecto Francesco Bartolomeo Rastrelli, arquitecto de la corte rusa. Uno amarillo, otro rojo y el tercero verde... esto es como un parchís, ¿dónde está la ficha azul?

De la región de Zemgale pasamos a la región de Kurzeme, cuyo nombre es originario de una tribu que antiguamente vivía aquí y que se denominaba kurši, ¿irían vestidos de rosita? Otro castillo de la Orden de Livonia se alza al lado de un lago en Jaunpils. Disfrutando de nuevo del buffé libre del hotel de Rīga, dos hombres caminan cerca, dado uno voces al teléfono en raskatá. El otro aburrido, se nos acerca y nos dice ¡¡si sois españoles!! En lo que llevamos de viaje pocos han sido los españoles con los que nos hemos cruzado, y éste nos cuenta que está dando formación en sistemas de agricultura durante esta semana.

En ruta paramos en Remte, de donde llevamos apuntado que hay un pequeño palacete. Sin embargo, se encuentra en restauración y pasamos de largo. Las cruentas dos Guerras Mundiales regaron Europa de sangre y Letonia no fue ninguna excepción. Muchos alemanes caidos en estas tierras fueron sepultados en diferentes cementerios, muchos de ellos destruidos durante la ocupación soviética. Tras la independencia de Letonia, el gobierno alemán llegó a un acuerdo con el letón para recuperar los cuerpos de sus compatriotas caídos y traerlos al cementerio alemán de Saldus. Actualmente ya descansan aquí los restos de más de 20.000 soldados, pero el trabajo de reubicación sigue en proceso.

En esta tierra de tribus kuršis y livs, dominada por alemanes, daneses y suecos, y finalmente ocupada por los soviéticos, son estos últimos los que más abundan en la actualidad. En Liepāja hay una gran comunidad de rusos en el barrio de Karosta, nostálgicos quizá de la era soviética y quizá no muy bien considerados por los letones de la zona, pues el barrio parece bastante decadente y se ven incluso bloques soviéticos abandonados. En la zona de la costa, los búnkeres soviéticos esperan a que el deterioro natural acabe con el amargo recuerdo de una ocupación pasada, mientras que los foráneos buscamos restos de ese pasado que no sufrimos. Pero para quien sí quiera sufrirlo... ¡¡aún hay una oportunidad!! En laprisión de Karaosta se puede asistir al show ‘Detrás de las barras’, sufrir los maltratos soviéticos e incluso pasar la noche en un calabozo. ¡¡Hay gente para todo!!
Sin embargo, el icono de esta ciudad costera es la Catedral Ortodoxa de San Nicolás, para nosotros el éxtasis bulbiano, el bulbo máximo, ¡¡lo más de la bulbificación!! Se encuentra parcialmente en restauración, pero la visita era imprescindible. Pasamos al interior y esta vez tampoco hay performance de Pushy Riots.

Para ser una ciudad bastante grande, tan sólo conseguimos arañar unos pocos sitios de interés, como el paseo de la fama de los roqueros letones y el Pabellón de Pedro donde se hace el mercado local. Ya se ha hecho de noche y toca recogerse... ¡¡en el país vecino!! Por la costa báltica llegamos a Klaipėda... ¡¡Bienvenidos a Lituania!!

19 sept 2012

Rīga: la joya Art Nouveau

La habitación del hotel FG Gertudre es amplia, moderna y confortable; y descansando tan a gusto, aunque apenas hayamos tenido seis horas de ensoñación, ya estamos listos para empezar el día. Después de un contundente desayuno, con porridge para todos, empezamos a explorar la ciudad por las calles Elizabetes y Alberta, que son las que tienen mayor concentración de edificios Art Nouveau. En Rīga, uno de cada tres edificios se construyó en este estilo, y, ¡¡hay maravillas!! El edificio situado en Strēlniecu 4 dicen que es uno de los mejores ejemplos de este estilo en todo Europa. Fuera de la zona más turística, también hay edificios que son verdaderas joyas, pero están a falta de una buena capa de pintura. Todo este explendor arquitectónico le ha hecho ser merecedora del título de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Uno de los símbolos de la ciudad es el Monumento a la Libertad de 42 metros de altura y construido en 1935 mediante donaciones populares. La mujer que representa a la libertad es conocida como Milda y alza tres estrellas que representan las tres regiones culturales del país (Vidzeme, Kurzeme y Latgale). Muy cerca de este monumento se encuentra la Catedral Ortodoxa, con sus cúpulas negras y doradas. El interior es magnífico... ¿veremos actuar a las Pushy Riots?

La ciudad de Rīga tiene más de 800 años y a lo largo de su historia ha pertenecido a alemanes, suecos y rusos. Hoy en día es la ciudad más grande y cosmopolita de los países bálticos. De hecho, ¿qué ciudades pueden presumir de tener restaurantes uzbecos y tártaros en su abanico gastronómico?

El casco histórico es pequeño, pero esconde, entre edificios de estilo renacestista holandés, gratas sorpresas al visitante: La Catedral Dome, la Puerta Sueca, los Barracones de San Jacobo, la Torre del Polvorín, ... Muchos de ellos narran interesantes historias, como por ejemplo el Castillo, que fue construido por obligación y destruido por la muchedumbre varias veces, y que actualmente es la residencia del presidente de letonia.

La metropoli que crece junto al río Daugava fue el mayor centro de la Liga Hanseática. De aquella época son las instituciones de El Gran Gremio y El Pequeño Gremio, que controlaban el comercio y la producción artesanal de la ciudad desde sendos edificios. Curiosamente, frente a uno de ellos se sitúa la que hoy se conoce como La Casa de los Gatos... Resulta que los gremios eran controlados por los alemanes y al dueño de esta casa no lo admitían por ser letón; a modo de desprecio colocó unos gatos en el tejado con el trasero hacia el gremio... y se dice que cuando consiguió ser miembro, los dio la vuelta. ¿Nos estará queriendo decir algo Untxi cuando nos da la espalda?

Si en Tallinn estaban las Tres Hermanas, en Rīga se hayan los Tres Hermanos. Poco a poco vamos conociendo a toda la familia... Se trata de un conjunto de edificios situado en la calle Mazā, siendo el que tiene forma escalonada el edificio residencial más antiguo de Rīga.





Y hemos dejado lo más bonito para el final... Como en Tallinn, aquí también hay una Casa de los Cabezas Negras. En este caso, se trata de una reconstrucción del edificio original de 1334. Sencillamente es espectacular... mientras observas el edificio ¿Te estarán observando Neptuno, Mercurio, Unidad y Paz? Quizá alguno de ellos esté mirando de reojo a Pablo... ¿o debería decir a Colón? Esta mañana se reservó un huevo cocido en el desayuno y lo ha estado paseando por toda la ciudad.
 
Como es habitual en nosotros, terminamos saliendo de las zonas turísticas para descubrir lugares menos conocidos. Después de visitar el mercado principal, nos adentramos en el barrio Moskva, donde la mayoría de la gente es de etnia rusa. Aunque, en toda la ciudad hay más rusos que letones, es en este barrio donde casi exclusivamente sólo hay rusos. Raska jaraska... oimos a La Cilla por todas partes... El edificio que más destaca del barrio es la Academia de las Ciencias o como la conocen los locales, “La Tarta de Cumpleaños de Stalin”.

Tomando un café en un bar, cae un buen chaparrón. Ya hemos visto toda la ciudad y dedicamos las últimas horas a ir de tiendas. En la estación de ferrocarril entramos a un centro comercial, pero la ropa nos parece un tanto chabacana. Por el contrario, uno cerca de la ópera, resulta demasiado exclusivo. ¿Es que no hay término medio? Por cierto, ¡¡hay una cadena de tiendas que se llama 'drogas'!!

Regresamos ya para el hotel por la calle Caka (no es broma, se llama así) y paramos en un supermercado. Hacemos algunas compras por si en el hotel nos entra hambre. Pablo mezcla avena con yogúr, como si con la argamasa resultante fuese a hacer un Ecce Hommo restaurando los edificios Art Nouveau de la zona. Sólo le falta decir...¡¡que viene el hormigón!! Pensando que compraba leche, cuando la ha abierto... ¡¡vaya porridge!! Por cierto, a la nevera sólo le falta un poco de música, porque, cuando la dejas abierta un minuto, empieza a encenderse y apagarse como en una discoteca. A la cama, que va siendo hora, ¿no?