Frío, calor, frío, calor, ... sin el aire acondicionado la habitación está más caliente que el piso de Basauri; enciendes el aire acondicionado y eres transportado automáticamente al verano letón de Daugavpils con sus cuatro grados en pleno agosto. No acabamos de entender cómo los malayos consiguen ir tan airosos por las calurosas calles y luego no se criogenizan cuando están en casa... porque aquí, el aire acondicionado en verano es un imprescindible, hasta hemos visto a gente fresquita dentro de los coches simplemente mirando el móvil.
Suena el despertador y qué gusto da detectar automáticamente que estamos de vacaciones: si normalmente lo ponemos a la 07:30, es irse de vacaciones para que suene una hora antes. Todo el año queriendo cinco minutos más de cama para que luego lleguen las vacaciones y acabemos durmiendo mucho menos. Una duchita en el baño todo-en-uno (la ducha no tiene separación con el resto del baño), un nescafé y lo poco que nos queda de bollería de la tienda del empleado, y "hámonos", como dicen en Royal City, a conocer la ciudad.
George Town, capital de la provincia de Penang, es junto con Melaka, las dos únicas ciudades malayas declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO; aquí llegaron los británicos en 1786, la colonizaron y le pusieron ese nombre en honor al rey Jorge III del Reino Unido. Sin embargo, aunque se ven muchos edificios coloniales, nuestra primera impresión es que está colonizada por chinos: por todos los lados hay letreros escritos en inglés y en símbolos chinos. Y es que éstos representan el 22 % de la población debido a siglos de comercio y a una llegada de trabajadores durante el sigo XIX bajo el dominio colonial británico. Y eso que no hubo una regularización masiva, ¿eh? Es el problema de los movimientos migratorios masivos, que crean una cultura paralela en vez de integrarse en la de acogida... dos siglos después, las generaciones actuales siguen siendo "chinos" en Malasia.
Aún así, Malasia es una ensalada de culturas y religiones, donde se juntan grupos étnicos y sus religiones, "juntos pero no revueltos" como se suele decir. El Islam es la religión predominante con un 63 % (a la cual la constitución exige pertenecer por ley), seguida del budismo, cristianismo e hinduismo. Cada cual tiene sus propios templos y creencias, y es muy fácil encontrar casi en una misma calle edificios de las diferentes confesiones.
El primer lugar que visitamos es un templo budista de la corriente tailandesa. Hemos elegido el Chayamangkalaram por que en su interior hay un buda tumbado, en lugar del típico sentado luciendo tripita o del que está de pie haciendo diferentes posiciones con una mano. Sinceramente, no entendemos mucho del budismo, pero sus templos son tan coloridos y exagerados, que tiene un toque friky que no pasa indiferente. Dragones, elefantes, grullas, escenas de la vida de Buda a tamaño real, ... es como que no sabes ni a dónde mirar de lo estrambótico que es todo. Lo que sí que hay que reconocerle a esta religión es que transmite "buen rollo"; a diferencia de la religión cristiana que se fundamenta más en el castigo y en el dolor, la budista se basa más en la meditación y en la positividad, algo que seguramente atraiga a muchos "modernos" con ganas de creer en algo y que acaban tatuándose a Lord Ganesha o a Shiva en alguna parte de su cuerpo.
En este primer templo que visitamos nos llama la atención que te puedes comprar el traje de monje completo por el equivalente a veinte euros. También nos ha resultado muy curioso que, en la parte inferior de donde está el buda hay centenas de urnas cada una con una foto, que obviamente son los restos de gente fallecida. También nos llama la atención que en las paredes hay miles de budas pequeñitos, algo que hemos visto también en muchos templos en otros países.
Frente a este templo de nombre impronunciable, hay otro budista también, pero de la corriente birmana. En su interior hay un enorme buda de pie y, así a ojímetro, no sabríamos decir qué diferencias hay entre ambas corrientes... ¡¡porque es igual de friki!! Nos damos un paseo por el interior y por sus fuentes, estupas y escenas de Buda y damos por terminado este primer aperitivo de religiones del mundo del día.
Pedimos un Grab (el Uber de Asia) para que nos lleve hasta la colina de Penang, donde visitaremos The Habitat, un recorrido entre la selva tropical apto para cualquier estado de forma. Una conductora (nos agrada ver que hay muchas), nos lleva hasta la base del monte, donde nos dice que tenemos que contratar un jeep para subir hasta donde se hace el paseo; nada más salir del coche llama al que pensamos que es su "primo" que nos indica en un cartelito hecho en su casa que por el equivalente a 30 euros nos sube y nos baja. "¿Perdona? ¿Que me ves guiri y me subes el precio? Pues me voy a la mútua..." mutua exclusión porque terminamos pasando de pagar y él de convencernos. Por lo visto, para subir a la cima se han montando un chiringuito en el que los coches privados o taxis no pueden subir, sólo los que se contratan dentro del parque. "Mmm... ¿y qué hacemos? Google dice que tardamos dos horas y media si subimos andando." "Bueno, seguro que luego no es para tanto y, además tenemos todo el día". En realidad, quien hablaba era nuestro amor propio, no podíamos consentir no haber tenido eso previsto y mucho menos que nos obliguen a comprar la turistada. Así que, con nuestra ropa no-deportiva, empezamos el ascenso; en un punto de control un hindú nos para y nos dice que normalmente no dejan subir a la gente andando, pero que nos ve en buen estado físico; nos toma la tensión poniendo su dedo en nuestra muñeca: a Pablo le dice "good, good" y a mí "strong heart"... y porque no tiene un medidor de obstinación que en este momento bato todos los récords.
Empezamos el ascenso con una inclinación de, por lo menos, un 30 % ... estamos frescos y seguro que es sólo al principio. Pasan los minutos y la pendiente se mantiene constante... jo, que somos muy de ir al monte, no podemos flaquear; rodeados de selva (con monos pasando de rama en rama, chicharras tocando "el afilador" y hormigas más grandes que Trancas y Barrancas) conseguimos superar la primera hora, empapados de sudor... con nuestros cuarenta-y-tantos haber empezado a correr tiene que servir para algo, ¿no? La cuesta, literalmente, empieza a doler... mientras nos cruzamos en algunas ocasiones con hombres que suben en moto y que nos dicen "very well" al ver nuestra proeza. Finalmente, en poco más de hora y media (una hora menos de lo que indicaba Google), conseguimos llegar a nuestro destino. La subida ha sido bastante dura, pero el hecho de haber conseguido completarla, hace que no nos arrepintamos de la decisión tomada.
Empapados en sudor, validamos nuestras entradas en "The Habitat", un recorrido con pasarela que cruzan y serpentean esta masa selvática en la que viven muchas aves, simios, mariposas, lagartos, ... pero que a esta hora están más bien escondidos y que no conseguimos ver. Eso sí, el recorrido (que son unos 45 minutos) resulta muy agradable y bonito. Hay muchas especies de plantas, algunas con enormes hojas (por la humedad y el calor) y otras de colores y formas poco habituales en Europa. De hecho, Pablo observa un helecho cuyas ramas forman octógonos, algo que nunca habíamos visto.
Todo lo que sube baja... y ahora nos toca bajar a nosotros. Como la aventura de la subida ha sido una asequible temeridad, decidimos hacer un órdago y bajar por otro sitio, ya que queremos visitar un templo cercano y parece que hay un atajo. ¡Un atajo de incompetentes! Hay un montón de rutas llamadas "bypass" seguidas de letras "A, B, C, ...", pero en ningún sitio indica a dónde lleva cada una. En The Habitat nos dijeron cual coger, así que probamos con esa... pero luego desemboca en otras y acabas en una trampa que no sabes por dónde seguir. Y claro, no es sólo la incertidumbre de en dónde acabaremos, sino que también está la inclinación destroza-gemelos... por no hablar de que el camino es estrecho y tienes que hacer espacio para que algún motorista que hay pueda pasar. El tiempo se nos hace eterno y hay veces que las piernas empiezan a tomar diferentes decisiones que las que les manda el cerebro. Pero por fin, después de andar más de dos horas, llegamos a la civilización, estamos salvados. Así sin quererlo, entre la subida y la bajada nos hemos hecho 25 kilómetros... ¿eso cuántas subidas al Gang Gureng es? ¿Y al Al Vavara? ¿Y si lo haces pasando por Elorritxueta y Txaketoiturri sin olvidarte de Aspurugoitia?
Morimos de agotamiento, de sed y de calor. Así que buscamos un sitio para comer y beber algo, lo cual es difícil porque casi todo está cerrado por ser hoy el Día Nacional de Malasia. Tal es la gravedad de nuestro estado que acabamos en un local vegetariano. "¿Yo en un vegetariano?" Conceptualmente me parece "lo más", pero soy de esos a los que como le pongas un chuletón delante se le caen todas las convicciones. Sin embargo, dadas las circunstancias, si tienen sillas y bebidas frías, el resto es accesorio. Pido algo en salsa agridulce (creo que es tofu) y Pablo pide gambas... "¿Perdona? Las gambas también son animales así que será algo que se parece a las gambas pero que no será de origen animal, ¿no?" "Ah, pues no había caído, pensaba que era sólo que no sirven carne"... todo confirma que Pablo está igual de "matao" que yo.
Después de recuperarnos un poco y volver a ser menos piltrafas humanas, retomamos el recorrido para ir hasta el Kek Lok Si Temple, el templo budista más grande del país y centro de peregrinación del sudeste asiático. Budas, budas y más budas, ¡hay budas para todos! Y, por supuesto, el símbolo que no terminamos de acostumbrarnos: la esvástica invertida o "sauvástica", que sorpresa de nosotros los europeos, es símbolo de buena suerte y eternidad. En este templo, destaca la estatua de Kuan Yin (diosa de la misericordia) de más de 30 metros y la Pagoda de los Diez Mil Budas.
Un último Grab del día nos lleva a la zona centro de George Town. En concreto, nos deja en Chew Jetti, un conjunto de casas construidas sobre el agua, donde los inmigrantes chinos construyeron sus viviendas cuando los malayos empezaron a ponerles impuestos si tenían sus casas sobre tierra, como medida de presión. Aunque alguna "calle" se ha convertido en un reclamo turístico, basta con elegir cualquier en la que no haya ninguna tienda para poder ver cómo son sus casas de verdad y ver cómo viven, pues a menudo tienen las puertas o ventanas abiertas.
Otra cosa muy peculiar de George Town es su arte callejero. Por lo visto, cuando se le otorgó el título de la UNESCO, se hizo un concurso para embellecer la ciudad y se crearon un montón de murales esparcidos por el centro de la ciudad. Para nosotros, los más bonitos resultan los que mezclan escenas pintadas con objetos reales, como por ejemplo bicicletas, columpios, etc. También hay muchas obras que son piezas metálicas que cuentan historias de la ciudad.
Aquí anochece pronto, en torno a las 6 de la tarde. Así que, damos paseos por el centro histórico, tomamos unos helados de coco (del coco verde, no el marrón) y mango, vemos algunos monumentos como la Mezquita del Capitán Keling y cenamos algo entre lugareños antes de volver al hotel.
Hoy ha sido un día a lo grande sobre todo por ese gran trekking inesperado o por lo grande de las estatuas de los templos que hemos visitado. ¿Serán mañana también nuestras agujetas igual de grandes?





















































