Estamos en un país predominantemente musulmán y, sin embargo, hemos visto muy pocas mezquitas. Lo que más abundan son templos hinduistas, budistas, chinos y alguna que otra iglesia. Eso sí, el ambiente musulmán se hace notar a lo largo de todo el día y de la noche: en concreto, en las cinco llamadas a la oración que el muecín canta religiosamente. De hecho, nuestro "gato zombie" (el audio de la alarma que un día muy loco se nos ocurrió grabar y configurar) suena a la par que la primera llamada a la oración... ¿Nos estará recordando que un buen viajero siempre tiene que madrugar? ¿Nos estará invitando a peregrinar en busca de nuevos lugares? ¿O simplemente nos mantiene a raya para que no acabemos siendo unos descarriados turistas?
Con la mochila ya en la espalda y un café agua-chirri como desayuno, estrenamos el mes de septiembre cruzando una ciudad que está todavía dormida, por la que apenas hay nadie arrastrando chancla aún. Hoy abandonaremos George Town y para ello tenemos que coger un ferry para salir de la isla y llegar a la península. Ayer estuvimos explorando la zona para ver cómo comprar los billetes y acceder, así que todo resulta muy rápido y cómodo. Es más, parece que los lugareños somos nosotros, porque los locales van desganados, un poco con paso desvalido y algo vulnerables.
Embarcamos en el ferry y en unos diez minutos llegamos a Butterworth, a la que Pablo, cuando leyó su nombre por primera vez, bautizó como "mantequilla que merece la pena". Desembarcamos y nos dirigimos a la terminal de trenes, donde validamos nuestros billetes y esperamos en el andén. Todo ha salido tan a pedir de boca, que nos ha sobrado un montón de tiempo... pero había que ser precavido porque cualquier contratiempo hubiese podido suponer un problema, ya que aquí los transportes no tienen la frecuencia que a uno le gustaría.
A las ocho en punto sale nuestro tren hacia Ipoh. Durante algo menos de dos horas esperamos dormir, relajarnos y disfrutar del viaje. Todo va bien hasta que empezamos a sentirnos incómodos por culpa de lo frío que está el aire acondicionado... ¡menuda rasca! Esto es una nevera con ruedas y nosotros somos dos paquetes de carne que Chicote diría que no están etiquetados. Nos ponemos algo de manga larga, pero aún así, el frío se cuela hasta los huesos. Nos fijamos y una señora que viaja en la ventanilla contraria lleva hasta una mantita para la piernas... ¡hay malaya sabia!
Llegamos a Ipoh y agradecemos esa succión cálida que se produce con la apertura de la puerta. Con sueño, con agujetas de ayer y entumecidos por el frío, seríamos el hazmerreír de esos robots chinos que se caen pero que no padecen nuestros males; claro que tampoco sabrán de este esfuerzo por conocer y el placer que produce.
Hoy nos moveremos por los alrededores de la ciudad y lo haremos cogiendo "grabs", que son los "Uber" de Asia y que funcionan muy bien. Nos pedimos uno para ir al apartamento que hemos alquilado, con el objetivo de dejar las mochilas. El propietario nos ha indicado que las dejemos en conserjería, porque el apartamento no está listo aún. Éste se encuentra en una torre de treinta plantas, siendo las primeras las de los garajes (algo que hemos visto que es bastante habitual, en lugar de construirlos bajo tierra). En los días que llevamos hemos observado que se se están construyendo torres de apartamentos de una media de treinta plantas; suelen ser más bien sencillas, hechas de hormigón y cemento y luego pintadas, priorizando la funcionalidad ante la estética. Por ahora, nos quedamos sólo con el exterior del edificio y ya veremos qué tal está por dentro esta noche cuando volvamos.
Pedimos un Grab para ir al templo de Sam Poh Tong (cuyo nombre nos hace mucha gracia) y, de camino, me duermo un rato. En la misma zona hay varios monasterios, que, por supuesto, visitamos. El de Sam Poh Tong es chino budista y es el más antiguo de la ciudad, tiene un pasadizo excavado en la roca que te lleva a otro monasterios, donde la atracción principal es un estanque de tortugas, que tienen bastante carácter porque se quitan la comida unas a otras.
Al lado, está el templo de Nam Thean Tong, otro templo similar en el que destacan sus esculturas doradas y un buda tumbado. También resulta muy interesante ver cómo una gran cantidad de monos juguetean, trepan y trastean por la zona.
Pedimos otro grab para que nos lleve al templo budista tibetano de Enlightened Heart. Al principio no parce gran cosa... pero luego te explota la cabeza al visitar la pagoda por dentro: 13 plantas de balcones colgantes con budas y otras estatuas, para llegar a una estatua gigante que está en las últimas plantas y que mira desde dentro de la pagado a los montes de alrededor. Pero es que, por si fuera poco, un poco más allá de la pagoda hay otro buda enorme de pie sobre una flor de loto. Y también descubrimos un carrusel de budas. Todo esto, sumado a un musiquita cautivadora que te abduce hacia el ambientillo... ¡¡es todo muy friki!!
Pedimos otro grab para ir a un templo que no sabemos ni cómo se llama, pero que tenemos el nombre en chino... y también me duermo en el camino. A la llegada, vemos que el lugar está lleno de estatuas de todas las formas y colores, además de ser una mezcolanza de religiones... hasta tal punto que llegamos a dudar de si es un templo o si es un taller donde hacen esas enormes esculturas... y no sólo por la variedad, sino también por la cantidad... por ejemplo, en la entrada a una cueva hay decenas de mujeres en posición de meditación y tan reales que parece que alguna se va a levantar.
Nuestra gira por los templos de Ipoh acaba en el Templo de la Cueva de Perak, donde también echo una cabezadita en el grab que nos lleva hasta aquí. Este templo, como su nombre indica, está es una cueva donde han hecho una escaleras por las que subes hasta un mirador, para ver un área industrial igualito que el Mercabilbao, con sus montañas también al fondo.
Después de esta sobredosis de budas, shivas, lord ghanesas, dragones, guerreros y todo tipo de escultura a cada cuál más cantosa, decidimos dejar las últimas cosas para ver algo más mundano: el centro de la ciudad. Para ir hasta allí, cogemos otro grab más, donde también caigo dormido. Echando cuentas, si unos 20 minutos de taxi sale por unos dos euros, dormir ocho horas sale por unos 48 euros... casi igual que una habitación, pero con tour incluido... ¡ahí lo dejo!
Ipoh parece estar a medio gas: son las cuatro de la tarde y hay muchos locales cerrados. Como aún no hemos comido, decidimos ir en buscar de algún restaurante aprovechando el paseo para ver el "Ipoh mural trail", un conjunto de pinturas callejeras del estilo de las que había en George Town.
Comemos, tomamos café (Pablo uno salado y yo un típico "White Coffee"), damos un paseo por sus calles, vemos el reloj del "Birch Memorial" y también vamos al "Gerbang Malam" que es el mercado nocturno. La ciudad, en general, para dar un paseo no está mal, pero después del día que llevamos, damos por concluida la visita y ponemos rumbo al apartamento. Recogemos las llaves y subimos hasta la planta 30, desde donde nuestra terraza vemos la ciudad ya sumergida en la noche... unas vistas que "quitan el Ipoh".






























